martes, 23 de agosto de 2016

Augusto Pinochet asume como Comandante en Jefe del Ejército y le juró 'lealtad' a Salvador Allende





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El 23 de agosto de 1973 renunció el general Carlos Prats y él mismo lo propuso a Salvador Allende para el cargo. No había motivos para sospechar de él, porque era considerado un militar apolítico, profesional y mano derecha de Prats. Estuvo 24 años y 5 meses en el cargo.

Siempre se ha especulado qué habría pasado si el general Carlos Prats no hubiese renunciado a la comandancia en Jefe del Ejército el 23 de agosto de 1973. Su dimisión permitió la llegada al cargo, ese mismo día, del general Augusto Pinochet. Incluso se ha hablado de un “error de cálculo” y de falta de “intuición política” de Salvador Allende, famoso por esto último, por dejar a Pinochet al mando del Ejército.

Pero Allende no tenía motivos para sospechar de Augusto José Ramón Pinochet Ugarte porque, mal que mal, se lo recomendó el mismísimo general Prats. El entonces ministro de Defensa consideraba a Pinochet un general cien por ciento profesional y apolítico. Incluso, había ayudado a sofocar el “tanquetazo” del 29 de junio de 1973, encabezando en tenida de combate a efectivos del regimiento Buin.

El general Prats, quien asumió la comandancia en jefe el 27 de octubre de 1970 tras el asesinato del general René Schneider, construyó una relación muy cercana con Pinochet. De hecho, el alto mando del Ejército lo consideraba “mano derecha” de Prats y por esto mismo había muchas dudas de si se sumaría al golpe que estaban planeando la Armada, la FACH y algunos generales de Ejército.

LA TERCERA FUE LA VENCIDA PARA ENTRAR AL EJÉRCITO

Augusto Pinochet nació en Valparaíso el 25 de noviembre de 1915. Le costó ingresar a la Escuela Militar. La primera vez que postuló lo rechazaron por ser demasiado joven y en la segunda no cumplió con los requisitos mínimos. La tercera fue la vencida y logró ingresar el 11 de marzo de 1933, a los 17 años. No tenía ancestros militares, pero sí una fuerte vocación por la carrera de armas.





Ya con el grado de capitán, fue destinado a Iquique, donde estuvo al mando del campo de prisioneros de Pisagua durante la vigencia de la Ley de Defensa Permanente de la Democracia, más conocida como la Ley Maldita, promulgada en 1948 por el gobierno de Gabriel González Videla. Esta ley tenía como objetivo proscribir al Partido Comunista. No se conocen abusos de Pinochet en esta época.

Tras una destacada carrera en el arma de Infantería, Pinochet alcanzó el grado de general de Brigada y se desempeñó como comandante en jefe de la Sexta División, asentada en las actuales regiones de Arica y Parinacota y Tarapacá. En 1970 fue promovido a general de División, el mismo año en que fue asesinado el general Schneider por elementos de derecha que querían impedir la llegada de la Unidad Popular al Gobierno. En la foto a la derecha, aparece escoltando a Allende a caballo.

ACOMPAÑÓ A FIDEL CASTRO DURANTE 23 DÍAS

Cuando Fidel Castro visitó Chile en noviembre de 1971, Pinochet fue designado como representante del Ejército en la delegación del dictador cubano que extendió su permanencia en el país durante 23 días.



Múltiples fotografías de ambos personajes, saludándose o presenciando desfiles, dieron la vuelta al mundo en los años posteriores al golpe de 1973, como íconos de dos regímenes autoritarios de distinto signo.

En enero de 1972, Pinochet alcanzó el grado de jefe del Estado Mayor del Ejército, en esa época el segundo cargo más importante de la institución. En octubre de ese año, debido al paro de los camioneros y los infructuosos esfuerzos por detenerlo, Allende llamó a las Fuerzas Armadas a integrar un gabinete de “paz social”. El 2 de noviembre de 1972, el general Prats asumió como ministro del Interior.

Prats y los ministros militares permanecieron en el gabinete hasta marzo de 1973, para garantizar las elecciones parlamentarias de ese mes, en las que resultó triunfante la UP. El 27 de marzo, los ministros militares regresaron a sus funciones castrenses, pero un violento episodio que involucró al general pudo haber adelantado la llegada de Pinochet a la comandancia en Jefe del Ejército.

PRIMERA RENUNCIA DE PRATS Y EL “TANQUETAZO”

El 27 de junio de 1973, el general Prats presentó su renuncia a la comandancia en jefe después de verse involucrado en un incidente con una automovilista, a la que disparó al guardabarros por hacerle gestos obscenos. Allende no se la aceptó por estimar que había sido una provocación. El Ejército también lo apoyó, pero quedaron dudas sobre su aptitud mental para conducir a la institución.



Pero el antecedente directo del golpe ocurrió el 29 de junio, cuando el comandante del Regimiento Blindado N° 2, teniente coronel Roberto Souper, encabezó la asonada con tanques y vehículos blindados conocida como el “tanquetazo”. La intentona fue sofocada, pero murieron 22 civiles y demostró que sin el apoyo del comandante en jefe del Ejército, cualquier intento de golpe fracasaría.

Según analistas políticos, el “tanquetazo” fracasó porque no se unió, como estaba previsto, el Regimiento de Infantería N° 1 “Buin”, donde Pinochet se había ubicado estratégicamente. Pinochet ayudó a controlar a los militares subversivos y posteriormente apareció en La Moneda en tenida de combate. Se cuadró frente a Allende y José Tohá, ministro de Defensa, e informó: “Todo bajo control, mi presidente”.

SEGUNDA RENUNCIA DE PRATS Y LA LLEGADA AL PODER

El “tanquetazo” provocó que Allende llamara nuevamente a las FFAA a formar un gabinete de seguridad. Prats asumió como ministro de Defensa y los generales se enfurecieron, al igual que sus esposas.










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El 21 de Agosto de 1973, un grupo de estas damas realizó una manifestación en la residencia de Prats, en la que también participaron oficiales de civil. El comandante en Jefe fue insultado y apedreado.

Hasta la residencia de Prats llegaron Salvador Allende, sus ministros y Pinochet a manifestarle su apoyo.

El comandante en Jefe del Ejército pidió el respaldo del cuerpo de generales, pero la mayoría se negó, lo cual dejó a Prats profundamente deprimido. El 23 de agosto de 1973, el general Prats renunció a la comandancia y propuso a Allende que nombrara en el cargo al general Augusto Pinochet. 

A las 17 horas de ese día, los tres se reunieron en La Moneda y Pinochet salió convertido en comandante en Jefe. El 9 de septiembre de 1973, Pinochet se sumó al golpe y desde esa fecha se hizo inubicable para el gobierno. A la cabeza del Ejército estuvo hasta el 10 de marzo de 1998, fecha en que entregó el mando al general Ricardo Izurieta. Duró 24 años y 5 meses en el cargo, bastante más que los 16 en que ocupó la Presidencia de la República.

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CRÉDITOS:
Publicado en La Nación Online en Agosto del 2013.
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Felipe Henríquez Ordenes






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miércoles, 10 de agosto de 2016

De Perlas y Cicatrices, de Pedro Lemebel: "Las orquídeas negras de Mariana Callejas"




En  su libro “De Perlas y Cicatrices”, el escritor, opositor a la dictadura y activista de la disidencia sexual Pedro Lemebel relató en 2008, la complicidad de esa élite y de la psicópata esposa de Michael Townley, Mariana Callejas.

Durante la mañana de hoy miércoles se confirmó la muerte de la escritora y ex agente de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA), Mariana Callejas. Callejas fue procesada como coautora en el atentado que mató al general Carlos Prats y su esposa Sofía Cuthbert en 1974 en Buenos Aires. La Corte Suprema anuló en 2010 la condena a 20 años dictada en primera y segunda instancia, beneficiando a Mariana Callejas con una sentencia de sólo 5 años y sin cárcel, lo que le permitió a la esposa y cómplice de Michael Townley vivir, hasta ayer, en una casa de reposo en Las Condes.

Además de su rol como agente de la represión, Mariana Callejas se hizo famosa por su destacado rol en el ambiente cultural. Tal como se ha revelado por distintas investigaciones, a su casa en Lo Curro -cuyo subterráneo funcionaba como centro de detención  y torturas- concurría la élite literaria de la época que conformaría la “Nueva Narrativa Chilena”.

En su libro “De Perlas y Cicatrices”, el escritor, opositor a la dictadura y activista de la disidencia sexual Pedro Lemebel relató en 2008, la complicidad de esa élite.

Lee el texto de Pedro Lemebel a continuación:



"Concurridas y chorreadas de whisky eran las fiestas en la casa pije de Lo Curro, a mediados de los setenta. Cuando en los aires crispados de la dictadura se escuchaba la música por las ventanas abiertas, se leía a Proust y Faulkner con devoción y un set de gays culturales revoloteaba en torno a la Callejas, la dueña de casa. Una diva escritora con un pasado antimarxista que hundía sus raíces en la ciénaga de Patria y Libertad. Una mujer de gestos controlados y mirada metálica que, vestida de negro, fascinaba por su temple marcial y la encantadora mueca de sus críticas literarias. Una señora bien, que era una promesa del cuento en las letras nacionales. Publicada hasta en la revista de izquierda "La Bicicleta". Alabada por la elite artística que frecuentaba sus salones. La desenvuelta clase cultural de esos años que no creía en historias de cadáveres y desaparecidos. Más bien le hacían el quite al tema recitando a Eliot, discutiendo sobre estética vanguardista o meneando el culo escéptico al ritmo del grupo Abba. Demasiado embriagados por las orquídeas fúnebres de Mariana, la Callejas.

Muchos nombres conocidos de escritores y artistas desfilaron por la casita de Lo Curro cada tarde de tertulia literaria, acompañados por el té, los panecillos y a veces whisky, caviar y queso Camembert, cuando algún escritor famoso visitaba el taller, elogiando la casa enclavada en el cerro verde y el paisaje precordillerano y esos pájaros rompiendo el silencio necrófilo del barrio alto. Esa tranquilidad de cripta que necesita un escritor, con jardín de madreselvas y jazmines "para sombrear el laboratorio de Michael, mi marido químico, que trabaja hasta tarde en un gas para eliminar ratas", decía Mariana con el lápiz en la boca. Entonces todos alzaban las copas de Old Fashion para brindar por la alquimia exterminadora de Townley, esa swástica laboral que evaporaba sus hedores, marchitando las rosas que morían cerca de la ventana del jardín.

Es posible creer que muchos de estos invitados no sabían realmente dónde estaban, aunque casi todo el país conocía el aleteo buitre de los autos sin patente. Esos taxis de la Dina que recogían pasajeros en el toque de queda. Todo Chile sabía y callaba, algo habían contado, por ahí se había dicho, alguna copucha de cóctel, algún chisme de pintor censurado. Todo el mundo veía y prefería no mirar, no saber, no escuchar esos horrores que se filtraban por la prensa extranjera. Esos cuarteles tapizados de enchufes y ganchos sanguinolentos, esas fosas de cuerpos retorcidos. Era demasiado terrible para creerlo. En este país tan culto, de escritores y poetas, no ocurren esas cosas, pura literatura tremendista, pura propaganda marxista para desprestigiar al gobierno, decía Mariana subiendo el volumen de la música para acallar los gemidos estrangulados que se filtraban desde el jardín.

Con el asesinato de Letelier en Washington y luego la investigación que develó los secretos de Lo Curro, vino la estampida del jet set artístico que visitaba la casa. Varios recibieron invitación para declarar en EE.UU. pero se negaron aterrados por las amenazas telefónicas y misivas de luto resbaladas bajo las puertas. Y sólo una mujer anónima, aceptó via1jar y reconocer el acento Miami de los cubanos amigos de Michael, que una noche por sorpresa se cruzaron con ella después de una fiesta.

Aun así, aunque Mariana se convirtió en yeta cultural y por varios años desplegó el terror en los ritos literarios que visitaba, igual le quedaron perlas colizas en su collar de admiradores. Igual ejercía un sombrío poder en los fanáticos del cuento que alguna vez la invitaron a la Sociedad de Escritores, la fichada casa de calle Simpson llena de afiches rojos, boinas, ponchos y esas canciones de protesta que Mariana escuchó indiferente sentada en un rincón. Allí todos sabían el calibre de esa mujer que fingía escuchar atenta los versos de la tortura. Todos preguntando quién la había invitado, nerviosos, simulando no verla para no darle la mano y recibir la leve descarga electrificada de su saludo.

Seguramente, quienes asistieron a estas veladas de la cursilería cultural post golpe, podrán recordar las molestias por los tiritones del voltaje, que hacía pestañear las lámparas y la música interrumpiendo el baile. Seguramente nunca supieron de otro baile paralelo, donde la contorsión de la picana tensaba en arco voltaico la corva torturada. Es posible que no puedan reconocer un grito en el destemple de la música disco, de moda en esos años. Entonces, embobados, cómodamente embobados por el status cultural y el alcohol que pagaba la Dina. Y también la casa, una inocente casita de doble filo donde literatura y tortura se coagularon en la misma gota de tinta y yodo, en una amarga memoria festiva que asfixiaba las vocales del dolor".


Texto tomado desde el Blog de Pedro Lemebel.



Lea además:
Retazos de la memoria, por Felipe Henríquez Ordenes: Te contaré la lucha que dio Pedro Lemebel por los Derechos Humanos en Chile
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viernes, 5 de agosto de 2016

DOCUMENTAL: Allende Caso Cerrado TVE.







¿Cómo murió Allende? Durante casi 43 años, la pregunta ha provocado debates eternos en tertulias de todo el planeta. ¿Se murió? ¿Lo mataron? ¿Se suicidó? ¿Lo suicidaron? Ese mismo debate saltó también una noche de noviembre de 1998 en Santiago de Chile cuando vi ese vídeo por primera vez en casa de Pablo Salas, el reportero que lo grabó. Desde entonces intenté convencerle para que permitiera a TVE mostrar las imágenes que cerraban la discusión sobre cómo murió Allende y también sobre dónde estuvo su cadáver durante la dictadura militar de Augusto Pinochet. Al final, muy a final, cedió. 

Un documental de la televisión pública española muestra unas imágenes nunca vistas de la exhumación en 1990 del cadáver de Salvador Allende, que permitió certificar que el ex presidente chileno fue enterrado por los militares en el cementerio de Viña del Mar y determinó que se había suicidado.

"Allende fue un desaparecido durante los diecisiete años de la dictadura", declara el camarógrafo chileno que grabó las imágenes, Pablo Salas, en el documental, "Allende, caso cerrado", que emitirá completo el programa "En Portada" del canal 2 de Televisión Española (TVE) y que fue presentado hoy a la prensa.

El reportaje reconstruye los últimos minutos de la vida de Allende con aquellos que compartieron con él el asedio al Palacio de La Moneda, el 11 de septiembre de 1973, e incluye el testimonio del doctor Patricio Guijón, único testigo del suicidio.

Allende apareció inerte y con el cráneo reventado sobre un sillón del salón Independencia, en el Palacio de la Moneda.

El informe policial y la autopsia que durante seis horas le practicaron los médicos militares apuntaban la tesis del suicidio, pero esas pruebas permanecieron ocultas durante la dictadura militar.

Ningún familiar, ni siquiera su viuda Hortensia Bussi, ni ningún amigo pudo identificar el cadáver ni confirmar que dentro del ataúd que les mostraron y que fue enterrado en Viña del Mar estaban los restos del ex presidente.

A partir de ahí surgieron dudas sobre el destino real de su cadáver. Como destacó hoy el director de "En Portada", José Antonio Guardiola, en la presentación del documental, durante años no se sabía a ciencia cierta si Allende se había quitado la vida o si había muerto combatiendo, tal como dijo públicamente Fidel Castro.Con el regreso en 1990 de la democracia a Chile, el nuevo presidente, Patricio Aylwin, decide homenajear a Allende, pero antes hay que confirmar si su cadáver está en Viña del Mar.

Las autoridades organizan una exhumación secreta para identificar el cadáver y las circunstancias de la muerte, a la que asiste el doctor Arturo Jirón, amigo de Allende, y que es filmada en vídeo por Salas, que ha mantenido en su poder la grabación desde entonces.

El camarógrafo guardó las imágenes porque no quería que se hicieran públicas en Chile, pero ahora ha considerado "que había llegado el momento de hacerlas públicas porque él, que es un "allendista" convencido, quiere que no se deje de hablar de Allende", explicó Guardiola.

El documental, que no muestra el cadáver completo "por respeto a su figura", añadió el director de "En Portada", sí recoge el momento en que el ataúd es abierto y el doctor Jirón, visiblemente emocionado, confirma que es él, así como los zapatos del ex mandatario.

"Fue un momento especialísimo. Ahí estaba el presidente de Chile después de 18 años que lo habían escondido", relata el camarógrafo en el documental del que se han adelantado fragmentos en la página web española, y que se emitirán también en los servicios informativos.

La exhumación también permitió dejar definitivamente aclarado que Allende se había suicidado de un tiro en la cabeza, que estaba destrozada. El propio Jirón fue quien tuvo que comunicar a la familia Allende cómo murió realmente.

La familia "reaccionó bien", relata en el documental Jirón, que destaca cómo tanto la viuda del ex presidente, Hortensia Bussi, como su hija Isabel.


Vea acá el documental:


Ficha técnica:
Título: Allende, caso cerrado
Guión: José Antonio Guardiola
Realización: Susana Jiménez Pons
Imagen: Eduardo Casanova
Sonido: Francisco Rueda
Montaje: Javier Mula


Felipe Henríquez Ordenes




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