jueves, 28 de julio de 2016

¿Quién mató al Edecán Naval del Presidente Allende, el Comandante Arturo Araya Peeters?






A 43 años del homicidio del edecán naval del Presidente Salvador Allende, incongruencias en la investigación de la justicia de la Marina y una pista aportada por un ex policía civil, amenazan con echar abajo la versión oficial. La justicia civil reactivó el caso. Todo apunta a un complot del más alto nivel.

La madrugada del 27 de julio de 1973, segundos después de las ráfagas que se escucharon en la calle Fidel Oteíza, ocho personas sintieron otros disparos. Tres de ellas, René Claverie Bartet, Guillermo Perry González y César Palma Ramírez, distinguieron claramente que fueron dos tiros. Elsa Moder Echeverría dijo en el proceso que los escuchó "más débiles, en forma distanciada". Rafael Mardones Saint-Jean los oyó "como si fueran de otro calibre, distintos a las ráfagas". Estamos en la escena del crimen del edecán naval de Salvador Allende, el comandante Arturo Araya Peeters.

Esa noche del 26 de julio de 1973 el comandante Araya acompañaba al Presidente Allende en una recepción en la embajada de Cuba. La situación política en el país era extremadamente tensa y la derecha y la ultra derecha clamaban por el golpe de Estado. Un mes antes oficiales del ejército habían protagonizado la asonada conocida como "El tancazo" frente a La Moneda. En este escenario de conflicto, Allende intentaba sumar fuerzas buscando un acuerdo con la Democracia Cristiana para consensuar cambios en su programa de gobierno.

Un par de días antes del atentado al edecán, los dirigentes del grupo armado de ultraderecha Patria y Libertad, Roberto Thieme y Miguel Cessa, se reunieron en un departamento de Vitacura con dos oficiales de la Armada. Uno de ellos del cuerpo de almirantes. Los oficiales les informaron que el día 25 de julio de 1973 se iniciaría en el país un nuevo paro nacional y que para incrementar la tensión requerían que Patria y Libertad realizara atentados dinamiteros. Con ello, la facción golpista de la Armada sellaba un pacto con Patria y Libertad. Pero necesitaba algo más.

Una chispa para desatar el pandemonio. El asesinato del comandante Arturo Araya Peeters pudo haber sido esa chispa, así como el homicidio del general Prats también pudo haberlo sido tres años antes. Al menos así lo pensaron los que organizaron el complot para matarlo. 

ALGO NO CUADRA

En los muros de la casa de Fidel Oteíza 1953, en la comuna de Providencia, donde vivía el capitán de navío Arturo Araya Peeters, quedaron marcados, pasada la 01.30 horas de ese día 27, cinco impactos de proyectiles. Con la bala que mató al edecán sumaron seis los disparos hechos en dirección al balcón del segundo piso de su casa, que miraba directo al norte, hacia avenida Providencia.

Pero sólo hallaron cuatro vainillas. Los policías civiles de Homicidios rastrearon el lugar y alrededores esa misma madrugada y regresaron con luz de día. No encontraron más que las cuatro vainillas de los disparos hechos desde la calle en dirección al balcón donde se encontraba el edecán, con su metralleta Walter calibre 9 mm en la mano izquierda. Pero los disparos de ataque fueron seis. Las otras dos vainillas nunca aparecieron.

René Claverie disparó tres tiros en ráfaga hacia el balcón. Lo hizo con un rifle automático Marcatti "tipo Batán", desde el nivel de su cintura y moviéndolo en "forma de abanico". De acuerdo a peritajes y a la reconstitución de escena realizada el 7 de noviembre de 1973, Claverie hizo fuego parapetado en un pilar de la reja del antejardín, de abajo hacia arriba, pues el balcón estaba a 4,5 metros de altura, y de derecha a izquierda con relación a la posición del edecán en el balcón.

Otro integrante del grupo armado, Carlos Farías Corrales, disparó con un revólver Pasper calibre 22 el cuarto tiro desde una posición similar a la de Claverie.

Al darse cuenta del ataque, el capitán Araya lanzó una ráfaga con su metralleta, sin herir a ninguno de los integrantes del comando. Los hechos que sucedieron después ocurrieron muy rápido. "(Araya) disparó una ráfaga en dirección al norte", dijo Claverie en el proceso. "Él disparó hacia el frente", afirmó Alicia Moder, la esposa del comandante. Lo claro es que, teniéndolos a tiro desde arriba, el edecán no apuntó contra los nueve jóvenes que estaban en la calle. A pesar de la búsqueda policial, ninguno de los siete proyectiles disparados por el capitán fue encontrado, salvo las correspondientes siete vainillas recogidas en el balcón.

PRIMERAS SOSPECHAS

Mardones, uno de los atacantes, declaró que entre el tiroteo se tiró al suelo y se cubrió la cabeza con los dos brazos. "Cuando me levanté, vi que el señor del segundo piso retrocedía hacia el interior". Lo que Mardones dijo a continuación resume el núcleo del misterio de esa noche. Es la pista cifrada del enigma, todavía sin aclarar, de aquellos segundos en los que se extinguió la vida del comandante Araya.

"Cuando yo estaba tendido y me cubría la cabeza con los brazos, sentí disparos de otro calibre, distintos a la primera ráfaga". Es el preciso instante en que aquellos dos disparos "como si fueran de otro calibre, distintos a las ráfagas"; los mismos que Claverie, Perry y Palma Ramírez declararon escuchar, fueron hechos en contra del comandante. Perry y Palma formaron parte de los atacantes. Elsa Moder y Armando Michell eran parientes de la esposa del edecán.

Carlos Farías precisó los hechos que ocurrieron inmediatamente después, cuando el grupo corrió por Fidel Oteíza hacia Pedro de Valdivia al oriente, esquina ubicada a 95 pasos desde la casa del edecán. "Cuando yo y algunos más llegamos a la esquina de Fidel Oteíza con Pedro de Valdivia se continuaron sintiendo disparos. Por ello, presumo que, fuera de los dos que ya habían disparado (Claverie y él), hubo otra persona más que se quedó replegada y que también disparó, o mejor dicho, podría haber disparado contra la casa del edecán".

La conclusión de Farías es similar a la del abogado Raúl Tavolari Oliveros, quien entonces asumió la defensa de Claverie, acusado y condenado por el Juzgado Naval de Valparaíso y la Corte Marcial Naval como quien mató al edecán con uno de los tres balazos que hizo esa noche.

"Para producir su muerte, al comandante Araya se le disparó desde un lugar diferente de aquel en que estuvo Claverie", dijo Tavolari al contestar la acusación a su defendido en el juicio. Frase breve que entonces resultó irrelevante para los jueces navales. La justicia naval dio por acreditado que el edecán del Presidente Allende murió por uno de los tiros hechos por Claverie, y que el ataque fue "fortuito", porque "se encuentra fehacientemente acreditado en el proceso que tanto el hechor como sus compañeros no conocían absolutamente la calidad militar de la víctima. El acto estuvo dirigido a ultimar a un extraño y no a un militar (...) sin ninguna preparación previa", dice la sentencia.



LA NUEVA PISTA

Sin embargo, 43 años después las cosas toman otro rumbo y una pista aportada hace un par de semanas por un ex policía civil que integró el grupo que indagó el crimen antes del golpe de Estado, amenaza con echar abajo la verdad oficial que la justicia naval estableció sobre el asesinato después del golpe militar.

De acuerdo a los peritajes balísticos, ninguna de las armas encontradas disparó el proyectil calibre 22 Long Rifle que mató al edecán, ni disparó las cuatro vainillas (tres marca Orbea y una marca Remington) calibre 22 Long Rifle encontradas en la calle frente a la casa del edecán. Otras siete vainillas halladas en Providencia con Lyon fueron percutadas por la misma arma que disparó frente a la casa del edecán las tres vainillas Orbea. Pero el arma que usó Claverie, de la cual presumiblemente provinieron los disparos que arrojaron las 11 vainillas Orbea referidas, desapareció. Por ello, nunca se pudo establecer científicamente que fue ese rifle automático el que las disparó.

A pesar de ello, la justicia naval dio por establecido que una de las cuatro balas cuyas vainillas se hallaron en la calle frente a la casa "impactó al comandante Araya y le causó la muerte", no obstante que ninguno de los peritajes balísticos emitidos antes del golpe militar estableció esa conclusión. Salvo dos emitidos después del 11 de septiembre de 1973. Pero incluso estos dos informes son ambiguos, porque, por otro lado, defienden lo establecido en la autopsia respecto de la trayectoria de la bala homicida.

El antecedente entregado por el policía retirado a los hijos del edecán, Enrique y Arturo, es coincidente con múltiples antecedentes del proceso, en cuanto a que el atentado al comandante Araya fue un complot bien organizado y coordinado, en el que esa noche actuaron tres grupos concertados. LND estudió las 2 mil fojas de los 6 tomos del expediente.

AUTOPSIA Y PERITAJES


Según el informe de la autopsia al edecán, "la trayectoria intracorporal seguida por el proyectil, estando el cuerpo en posición normal, es de adelante hacia atrás, de izquierda a derecha y ligeramente de arriba hacia abajo. El disparo corresponde a los llamados de larga distancia en medicina legal y es de tipo homicida".

Por lo tanto, según las leyes de la física y la balística, el edecán nunca pudo morir por uno de los cuatro disparos hechos desde la calle por Claverie o Farías, si el balcón donde estaba se encontraba a 4,5 metros de altura desde el suelo. Tampoco pudo ocurrir de esa manera, porque Claverie disparó, de acuerdo a la reconstitución de la escena, "de derecha a izquierda" en relación con la ubicación del edecán.

Y si el disparo correspondió a aquéllos de "larga distancia" y del "tipo homicida", vale decir hecho medidamente con la intención cierta de causar la muerte de alguien, distinto a la ráfaga "en abanico" que lanzó Claverie, ¿quién disparó entonces "ligeramente de arriba hacia abajo" y de "izquierda a derecha" según la trayectoria de la bala homicida periciada por la autopsia?

Los peritajes balísticos detectaron cinco impactos de bala en los muros de la casa. "Tres adyacentes a la ventana del dormitorio; uno en el borde superior de la persiana en la ventana (del dormitorio); y uno en las inmediaciones del lugar donde fue herido el comandante Araya". (ver infografía).

Esta descripción encierra otra parte del misterio. Porque las vainillas halladas frente a la casa fueron cuatro, pero hubo cinco impactos de bala en los muros. ¿Quién disparó el quinto proyectil y desde dónde, y por qué no se halló la vainilla de ese quinto disparo, ni tampoco la del sexto tiro que mató al edecán?

CONTRASTES

"A su padre lo mató un tirador escogido que le disparó desde el frente, de esa casona que todavía existe y que era un colegio de monjas", les dijo a los hijos del edecán el oficial de investigaciones retirado. Les afirmó que a esa conclusión llegaron, pero que vino el golpe y no alcanzaron a consignarlo en un informe escrito.

De acuerdo a las fotografías del informe de la reconstitución de escena, el comandante enfrentó el ataque con su cuerpo levemente girado a la derecha. Vale decir, presentando más sobresaliente la parte izquierda de su tórax. Y la autopsia sostuvo que la bala entró y se alojó en su tórax "de izquierda a derecha".

De acuerdo con todo esto y a la información del policía, se puede desprender que habría sido un tirador escogido quien, desde ese lugar, habría hecho los dos disparos que varios escucharon segundos después de las ráfagas de Claverie, el tiro de Farías y las ráfagas del edecán.

¿Correspondía el proyectil que dio bajo el borde del balcón, al mismo tipo de bala que mató al edecán? Los hijos del comandante se interrogan por qué el Juzgado Naval de Valparaíso no investigó estas cuestiones que ahora resultan vitales para aclarar el crimen de su padre.

En el proceso actuó como fiscal el capitán Aldo Montagna Barghetto y como secretario el oficial naval Jorge Garretón Iturra, ex cónsul general en Caracas. Juez naval fue el contraalmirante Arturo Troncoso Daroch, siendo auditor de la Armada el capitán Enrique Campusano Palacios.



UN COMPLOT 

Bajo estas nuevas luces, el análisis del expediente confirma que el crimen del edecán Araya fue parte de un complot, en el que esa noche actuaron tres grupos coordinados. No obstante, la sentencia del Juzgado Naval afirmó que "el homicidio tuvo lugar sin ninguna preparación previa". Horas antes del crimen, a las seis de la tarde del 26 de julio de 1973, Claverie y Guillermo Bunster conversaron con los dirigentes de Patria y Libertad "Miguel Cessa, un tal Alonso y otros cuyos nombres no recuerdo", dijo Claverie. A las 20:30, ambos se fueron a la casa de Jorge Ehlers Ölkers y su yerno Alejandro Ellis. Éstos les dijeron, según Claverie, que los estaban buscando para que juntaran a su grupo, porque esa noche había que crear el caos en un sector de Providencia "porque la Marina se deja caer esta noche sobre Santiago". Ehlers les consiguió la Marcatti 22 largo y les dio una caja de miguelitos.

El grupo se juntó en la casa de Bunster. Cada uno salió con un arma. A las 23 horas, Ehlers y Ellis les dieron el vamos. Esa noche el edecán Araya acompañaba al Presidente Allende en la recepción en la embajada de Cuba. El capitán llegó a las 00:30 horas del día 27 a su casa.

El grupo comenzó a dar vueltas por el sector. "Nos empezamos a aburrir", dijo Alejandro Figari, otro integrante, hasta que "Claverie nos dijo que la señal era una bomba". El primer bombazo, en Carlos Antúnez, era la indicación para que Juan Zacconi y Guillermo Necochea entraran por Pedro de Valdivia y bajaran por Fidel Oteíza al poniente, para lanzar la segunda bomba frente a la casa del edecán con el fin de hacerlo salir. "Pensamos que ya no habría golpe de Estado esa noche, cuando sentimos la explosión", dijo Zacconi.

"Al oír la explosión cerca de Pedro de Valdivia, llegaron los Perry, Palma, Farías, Claverie y Bunster", dijo Andrés Potin, otro concertado. "Claverie nos dijo que entráramos por Carlos Antúnez y dobláramos por Fidel Oteíza", afirmó Figari. Todo coordinado.

Palma, Figari, Potin fueron después agentes del Comando Conjunto.

El asesinato del edecán Araya está siendo nuevamente investigado por la jueza del 17º Juzgado del Crimen de Santiago, Patricia González. La magistrada dictó esta semana una orden de investigar a la Brigada de Asuntos Especiales y Derechos Humanos de la policía civil. A ello se suma otra querella que los hijos del edecán interpusieron el viernes en contra de Jorge Ehlers y otros civiles que formaron parte del complot.




Felipe Henríquez Ordenes





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martes, 26 de julio de 2016

Crímenes de Miguel Krassnoff: El genocidio del que abogado Raúl Meza no habla






Hoy hablaré de los crímenes que cometió Miguel Krassnoff, los que seguramente su abogado defensor nunca se enteró, don Raúl Meza Rodriguez.


Espero que Raúl Meza Rodríguez lea esta nota. 

El abogado defensor de criminales, Raúl Meza, dijo hoy en CNN Chile, que su cliente "cumple hace más de 10 años con todos los requisitos para optar a la libertad condicional". Yo me pregunto, para qué quiere sacarlo libre el abogado, si Krassnoff se encuentra en Punta Peuco, una cárcel muy especial hecha exclusivamente para genocidas. Con todas las comodidades del mundo. Nadie podría comparar Punta Peuco con una cárcel común, para decir que los presos están allanados y en condiciones infrahumanas. Además de ese gran beneficio, su cliente goza de un sistema de salud que ya se quisiera cualquier chileno en el Hospital Militar. Puede salir regularmente de Punta Peuco, cuando le da un ataque de lagañas... Upsss, ¡Tiene que ir al médico!. Para qué hablar de la pensión de gracia que su "cliente" recibe por ser militar en retiro del Ejército, cerca de $3.000.000 de pesos, que por cierto, se pagan del Estado, dineros de todos los chilenos y chilenas. Quizás con estos pequeños datos, el abogado Raúl Meza despierte de ese sueño fascista y no esté tan perdido del mundo que sólo en sus fantasías se encuentran.

Tras la disolución de la DINA, Miguel Krassnoff pasó a integrar las filas de la Central Nacional de Informaciones (CNI), que también cumplió la misma función. Krassnoff fue uno de los agentes de la represión que más condenas judiciales ha acumulado en los últimos años, sólo superado por Manuel Contreras y Pedro Espinoza, jefes máximos de la DINA.

Entre los crímenes más repudiables que cometió se cuentan las desapariciones del sacerdote español Antonio Llidó y de Diana Arón, joven periodista que a pesar de su avanzado embarazo fue sacada de una cama hospitalaria, luego fue torturada y asesinada con la participación directa de quién el abogado Meza defiende: Miguel Krassnoff.

ALLENDE, VÍCTOR JARA Y MIGUEL ENRÍQUEZ

Krassnoff participó en el asalto a la casa del ex Presidente Salvador Allende en Tomás Moro el día del Golpe de Estado, cuando era teniente. Además, jugó un rol directo en el asesinato del cantautor Víctor Jara en el Estadio Chile y en la muerte de Miguel Enríquez, fundador del MIR, en 1974. Por esta acción recibió una condecoración de manos del propio Pinochet.

Precisamente, Krassnoff era el oficial de inteligencia de la Brigada Águila a cargo de la represión al MIR, con asiento en la Villa Grimaldi. También pasó por los centros de tortura de Simón Bolívar, José Domingo Cañas y Londres 38. Se sentía atraído por la política y quería junto al director de la DINA, Manuel Contreras, consolidar una gran base social de apoyo al dictador Pinochet.

Tras su salida de la CNI a principios de los 80, Krassnoff siguió con su carrera militar hasta alcanzar el grado de brigadier en 1998. Ese año, después de que la Comandancia en Jefe le informó que no sería postulado a general, Krassnoff le dio el ataque surtido, y presentó su renuncia al Ejército, pero fue recontratado como gerente del Hotel Militar ubicado en Providencia con Manuel Montt.

En ese cargo se encontraba cuando comenzaron los procesos en su contra, a contar del año 2001.Actualmente, se encuentra recluido en el penal Punta Peuco cumpliendo por los crímenes que cometió. Como recordaste lo de los famosos “cosacos”, voy a precisar que Krassnoff nació en Austria, en 1946 y es nieto e hijo de altos oficiales cosacos de la ex Unión Soviética.

LA MAYORÍA DE SUS VÍCTIMAS ERAN DEL MIR

Hasta julio de 2011, Miguel Krassnoff Martchenko registraba 20 condenas a firme (ratificadas por la Corte Suprema), con penas que suman más de 120 años de cárcel. Sin embargo, seis de estas sentencias incluyeron el beneficio de la libertad vigilada entre otros beneficios carcelarios.

La gran mayoría de las condenas son por delitos de secuestros calificados, esto es, detención y desaparición de personas. Una de las sentencias es por homicidio calificado cuya víctima fue la militante del MIR Lumi Videla, cuyo cadáver fue arrojado a la embajada de Italia. Precisamente, casi todas las víctimas de Krassnoff pertenecían al MIR.



La  lista de condenas es la siguiente:
  • 17/11/2004 Diez años y 1 día de presidio como autor del secuestro calificado de Miguel Ángel Sandoval Rodríguez (MIR).
  • 30/05/2006 Quince años por el secuestro calificado de Diana Frida Arón Svigilsky (periodista, MIR, estaba embarazada de siete meses).
  • 28/05/2007 Cinco años y 1 día como autor del secuestro calificado de Dagoberto San Martín Vergara (MIR).
  • 10/05/2007 Diez años por los secuestros calificados de Hernán Galo González Inostroza, Maria Elena González Inostroza (hermana del anterior), Elsa Victoria Leuthner Muñoz y Ricardo Troncoso Muñoz (todos del MIR).
  • 27/06/2007 Cinco años y 1 día por el secuestro calificado de Manuel Edgardo del Carmen Cortez Joo (MIR).
  • 24/12/2008 540 días, con remisión condicional, como cómplice de los secuestros calificados de Carmen Díaz y Eugenio Montti (ambos del MIR).
  • 29/10/2008 Tres años como coautor del secuestro calificado de Ofelio de la Cruz Lazo Lazo (PS).
  • 27/01/2009 Cinco 5 años con beneficio de libertad vigilada por el secuestro calificado de Sergio Humberto Lagos Marín (MIR).
  • 15/04/2009 Cuatro años, con el beneficio de la libertad vigilada, como autor del secuestro calificado de Julio Fidel Flores Pérez (MIR).
  • 20/07/2009 Diez años y 1 día por el secuestro calificado de Jorge Humberto D'Orival Briceño (MIR).
  • 13/08/2009 Cinco años y 1 día como autor del secuestro calificado de Luis Gregorio Muñoz Rodríguez (MIR).
  • 07/09/2009 Diez años y 1 día como autor del homicidio calificado de Lumi Videla Moya y a 5 años como autor del secuestro calificado de Sergio Pérez Molina (esposo de la anterior, ambos del MIR).
  • 29/09/2009 Cuatro años, con el beneficio de la libertad vigilada, como autor de los secuestros calificados de Cecilia Bojanic Abad (embarazada de 4 meses) y Flavio Oyarzún Soto (esposo de la anterior, ambos del MIR).
  • 03/12/2009 Diez años y 1 día por el secuestro calificado de María Teresa Bustillos Cereceda (MIR).
  • 20/01/2010 Cinco años y 1 día como autor del secuestro calificado de Álvaro Miguel Barrios Duque (MIR).
  • 25/01/2010 Tres años y 1 día, con el beneficio de la libertad vigilada, como autor del secuestro calificado de Marcelo Eduardo Salinas Eytel (MIR).
  • 30/08/2010 Cinco años como autor del secuestro calificado de Antonio Llidó Mengual, con beneficio de libertad vigilada (sacerdote español, miembro del Grupo Cristianos por el Socialismo, ayudante del MIR).
  • 27/10/2010 Cinco años y 1 día, sin beneficios, como autor del secuestro calificado de Sebastián Montecinos Alfaro (Partido Socialista).
  • 20/12/2010 Cinco años y 1 día por los secuestros calificados de Fernando Silva Camus y Claudio Silva Peralta (padre e hijo, respectivamente, ambos del MIR).
  • 21/12/2010 Cinco años 1 día como autor del secuestro calificado de Sergio Riffo Ramos (MIR).
Quizás don Raúl Meza nunca se enteró que Miguel Krassnoff también tiene 3 condenas en primera y en segunda instancia, pero además está acusado en 7 causas y procesado en otras 46, entre ellas el caso Calle Conferencia, por la detención y desaparición completa del comité central del Partido Comunista en 1976.

Eso es solo una pequeña muestra de lo que Krassnoff hizo durante los años de la dictadura, crímenes por los que actualmente está, y sigue procesado, y eso sin contar todas las demás atrocidades que la justicia jamás tomó parte, porque sí hizo esas y otras cosas más. Así que para que el señor Raúl Meza se vaya enterando, y nunca más diga que “la izquierda distorsiona la verdad” porque por añadidura son ellos, los defensores de la DICTADURA de Pinochet (DICTADURA con mayúscula y destacada para que no le vuelva a decir "Gobierno Militar"). Raúl Meza, uno más de los que han hecho la intentona de borrar con el codo, lo que fue escrito en nuestra historia con el rojo de la sangre de las víctimas de los crímenes que el dictador Pinochet y sus esbirros cometieron en contra de sus propios compatriotas.

No es mi intención escribir esta carta y "despertar odios añejos", tal como el señor Meza ha dicho hasta el cansancio en el pasado, presente y que seguirá diciendo en cuanto programa o noticiario de TV lo inviten. Solo escribo para repudiarlo y dejarle en claro en qué posición está él en esta historia. No es por nada que la gente lo desprecia, hasta sus propios colegas del mismo Colegio de Abogados, misma entidad que alguna vez lo suspendió de sus funciones por faltas a la ética (CLIC ACÁ PARA BAJAR PDF).

Todo eso no le ha salido gratis al señor Meza, al contrario, el desdén y la poca empatía que tiene frente a quienes fueron directamente vilipendiados, torturados, desterrados. Los que ya no están, los que tuvieron miedo, los que lucharon, los que fueron niños como yo, quienes fuimos criados en medio del horror. Por los que aún luchamos por la justicia, por la memoria, por los Derechos Humanos y, por la vida.

Hasta acá yo llego, porque lo demás lo juzga el pueblo, así como lo dejó dicho el Presidente Constitucional Salvador Allende aquel 11 de septiembre en sus últimas palabras: “La historia los juzgará”, yo le digo al señor Raúl Meza Rodriguez: LA HISTORIA YA LOS JUZGÓ.



Felipe Henríquez Ordenes


Lea además: Retazos de la memoria, por Felipe Henríquez Ordenes: La verdad detrás de las millonarias pensiones que el Estado otorga a violadores de los DD.HH.


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lunes, 11 de julio de 2016

Niños ejecutados en la Dictadura y la responsabilidad de Juan Emilio Cheyre






El. Ejército niega que Juan Emilio Cheyre esté vinculado con el asesinato de dos niños en la IV Región, ocurrido en diciembre de 1973. 


NOTA
Este artículo fue publicado originalmente el año 2002 en Diario El Siglo, en el marco de una serie de reportajes sobre la responsabilidad de Juan Emilio Cheyre al momento de asumir como comandante en jefe del ejército.


La querella fue presentada por los abogados Hugo Gutiérrez y Juan Bustos en julio de 2001, contra el general (r) Augusto Pinochet, interpuesta por los familiares de Rodrigo Palma Moraga y Jimmy Christie Bossy, de 8 y 9 años de edad respectivamente, ejecutados tras el golpe militar de 1973.

Los menores fueron fusilados por una patrulla militar que custodiaba unos gaseoductos en una población del sector La Herradura, habitada por funcionarios de Impuestos Internos.

“Qué saben ustedes”

La tarde del 24 de diciembre de 1973, tres niños -Rodrigo Javier Palma Moraga, Jimmy Christie Bossy y Nelson Patricio Díaz Gajardo-, jugaban en las cercanías de la población ubicada en la parte superior de los estanques para el almacenamiento de combustible en Guayacán, Coquimbo. El padre de Patricio, al regresar de su trabajo, vio a los niños y se llevó a su hijo a casa. Los otros dos menores quedaron ahí. No llegaron a sus hogares, lo que causó alarma en el barrio. Los vecinos se organizaron por parejas para buscarlos. Se vieron obligados a infringir el Toque de Queda que, ese día, por ser Navidad, se alargó hasta las 21:00 hrs.

Nelson Díaz, padre de Patricio, y Luis Varas, utilizaron un automóvil. Llegaron hasta la portería de los estanques. Allí se percataron que, extrañamente, no había ningún militar, ni guardia. Los estanques eran custodiados permanentemente por los militares. Horas antes habían constatado la presencia de muchos soldados, que disparaban sus metralletas habitualmente. A los pobladores les habían dicho que ahí “se podían producir atentados extremistas”. El personal que custodiaba los estanques pertenecía al Regimiento de Artillería Motorizado Nº2 “Arica” de La Serena.

Los vecinos, alarmados y frustrados por la búsqueda inútil, regresaron a sus casas. Nelson Díaz y Luis Varas fueron detenidos por una patrulla de militares que revisaron el auto e, incluso, dispararon sobre el techo del Fiat-600. Contra la muralla y con las manos en la cabeza, fueron amenazados de muerte, en “caso de moverse o alarma”. Permanecieron allí, en espera de alguien de mayor rango. Luego, un capitán les presentó excusas y los dejó en libertad. Como consecuencia de la desaparición de los menores, la vida del barrió cambió radicalmente. La casa de Raúl Palma, padre de uno de los niños, se veía permanentemente custodiada. La población fue cercada, y se sometió a las familias de los menores a “arresto domiciliario”. Toda la población fue allanada por militares armados, quienes los interrogaron sobre “la desaparición de los menores” y “qué sabían de eso”.



Balas militares

Los padres de los menores eran trasladados a menudo al regimiento, para ser torturados.

Se efectuaron intensas búsquedas para dar con el paradero de los niños, participando el Cuerpo de Bomberos de Coquimbo, Carabineros e Investigaciones con una brigada de Homicidios que enviada especialmente desde Santiago. Carabineros utilizó perros policiales “expertos en rastreo”. Sin embargo, la búsqueda fue infructuosa.

En agosto de 1978, niños del vecindario -que jugaban en el sector-, encontraron los restos de los menores sepultados a orillas del camino que conduce a la playa La Herradura, cercano a los depósitos de combustible, y a una distancia de, aproximadamente, 100 metros de las casas. Estaban a una profundidad no superior a 20 centímetros, lo que resulta completamente incomprensible dado que en el lugar se buscó afanosamente, incluso con los perros policiales.

“Debido a esto y otros antecedentes presumimos que los cuerpos fueron colocados allí con posterioridad”, señala el abogado Hugo Gutiérrez. En el Instituto Médico Legal de Santiago, se realizaron los peritajes. Los padres fueron citados para la entrega de los restos, entrevistándose con un médico legista, que practicó la autopsia. Les indicó que la causa de muerte era “a consecuencia de impactos de bala de grueso calibre, provocándoles la destrucción del 75% del cráneo”, y agregando que “esos proyectiles los usan sólo el Ejército”. Sin embargo, el médico les señaló que “no podía certificar esa causa de muerte”. “Efectivamente el certificado señala ‘causa de muerte indeterminada’”, agrega Gutiérrez.

En la querella se cita, en calidad de inculpados, a Ariosto Lapostol Orrego, comandante del Regimiento Arica, Juan Emilio Cheyre Espinoza, que en el momento de ocurridos los hechos se desempeñaba como ayudante del comandante Lapostol, y va dirigida contra Augusto Pinochet y “todos los que resulten responsables”. También se cita a Osvaldo Pincetti, que mantuvo secuestrados a los padres de los niños, y al oficial Carlos Verdugo Gómez, que formaba parte de la Unidad Especial de Inteligencia del Regimiento “Arica”.

Se presume que el grupo que estaba de guardia en ese momento, fue el que fusiló a los niños. Después, escondieron los cuerpos para volver a enterrarlos en las cercanías cuando la búsqueda de la policía y los vecinos terminó. “Por eso no había ningún militar cuando los vecinos los buscaron en los estanques. Los padres nunca presentaron el caso en ninguna instancia, por temor. No se califica todavía la participación de Cheyre. Lo citamos en calidad de ‘inculpado’. No sabemos qué participación tuvo, y queremos que declare lo que sabe. Es razonable pensar que él, como ayudante del comandante, supo de los hechos y está al tanto de la participación de la patrulla militar. El ministro Guzmán hasta ahora no ha citado a nadie en el proceso”, señala Hugo Gutiérrez.





Lapostol, Moren y Cheyre

El ex comandante del Regimiento “Arica” de La Serena, Ariosto Lapostol Orrego, niega que sus oficiales hayan participado en los fusilamientos de la Caravana de la Muerte, o dando un tiro de gracia por orden de Arellano.

El año pasado, señaló a Canal 13: “Yo le ordené en forma taxativa al entonces teniente Cheyre que ninguna persona ni ningún oficial, ni suboficial, cabo, sargento, soldado, participara en nada, ni en un consejo de guerra, a la orden del general Arellano”. Sin embargo, Lapostol confirmó que “los ejecutados fueron elegidos por Arellano”.

En la Caravana de la Muerte viajaba el capitán Marcelo Luis Manuel Moren Brito, que formaba parte de la Agrupación de Combate Santiago-Centro bajo el mando también de Arellano Stark.

Moren Brito viajó a Santiago horas antes del golpe militar en septiembre de 1973. Moren no era un desconocido en La Serena: era en ese momento, el segundo comandante del Regimiento “Arica”.




NOTA
Este artículo fue publicado originalmente el año 2002 en Diario El Siglo, en el marco de una serie de reportajes sobre la responsabilidad de Juan Emilio Cheyre al momento de asumir como comandante en jefe del ejército.




Felipe Henríquez Ordenes




Lea además:
Retazos de la memoria, por Felipe Henríquez Ordenes: NO OLVIDAR: Los 307 niños y jóvenes asesinados en la Dictadura de Pinochet Retazos de la memoria, por Felipe Henríquez Ordenes: Documento comprueba que Ejército de Chile hizo un pacto de silencio para ocultar crímenes

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miércoles, 6 de julio de 2016

Cardenal Raúl Silva Henríquez: Un hombre justo y valiente






"Quiero que en mi país todos vivan con dignidad", expresó este hombre de la buena iglesia, Raúl Silva Henríquez en su manifiesto: "Mi sueño de Chile", el 19 de noviembre de 1991.

Creo que a ese caminante de pasos significativos en el terreno ecuménico hay que darlo a conocer -aún más en estos días- en las salas de clases, esas mismas aulas que tanto transformó como educador y rector de varios colegios. Educación cívica o memoria histórica.  


Cómo olvidar su valentía, su amor por Chile, su firmeza y su humildad. Raúl, de grandes cejas; ojos con mirada fuerte, ojos sensibles del dolor humano, del dolor hermano. El Cardenal de espíritu campesino, un gran organizador, un hábil negociador; no siempre comprendido y muchas veces injustamente atacado. Hombre profundamente demócrata, optimista y transparente. Era un hombre, que a la altura de los niños hizo cosas de grandes. Con su cálida sonrisa, su carácter fuerte y su buen humor, conquistaba a todos. Era profundamente humano y gozador de la vida.

Prudencia y coraje; fe y compromiso histórico fueron líneas de su palabra. Fue un líder, el cardenal Silva Henríquez dando un discurso (blanco y negro) a los perseguidos. Fue un obispo audaz con una admirable capacidad para crear grandes obras que perduran hasta hoy. Un maestro y un profeta. ¡Tan visionario!, quiso matar el odio y como país no lo escuchamos.



Fue un personaje clave del siglo XX y ese grito “Raúl amigo, el pueblo está contigo” lo acompañó hasta su muerte donde miles de chilenos de todos los credos y edades lo visitaron, durante 30 horas, en la Catedral Metropolitana. Esos días de abril de 1999, los pobres, en su mayoría, fueron a despedirse y a recordar al Cardenal que levantó su voz en los momentos más difíciles de nuestro país, el mismo que desafió y esquivó las balaceras de los esbirros de Pinochet. Por eso, se decía que era “la voz de los sin voz”.

Cuidó el alma de Chile y fue tan reconocido, también en el extranjero, que no es casualidad que la última persona ilustre en visitarlo fuera el líder Dalai Lama. Su corazón abierto y ecuménico llegó incluso al Tíbet.

Hoy, sus sueños están presentes: campesinos, caritas, trabajadores, jóvenes, el mundo de la Solidaridad, de los Derechos Humanos y las Vicarías, los educadores, los liceos, el pueblo de Chile.



Raúl Silva Henríquez: ¿Qué diría a la actual iglesia que hoy han destruido la Institución y la fe de muchos?. Si la destruyeron, cercenaron la fe de muchos, incluso la mía: Hoy soy ATEO.

El fruto y el legado de este gran hombre, no podía estar ausente de los Retazos de la Memoria Chilena, porque él, don Raúl Silva Henríquez, es parte de nuestra historia. 



Felipe Henríquez Ordenes




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Retazos de la memoria, por Felipe Henríquez Ordenes: Los verdaderos Santos de Chile: Sacerdotes que desafiaron a Pinochet
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sábado, 2 de julio de 2016

Testimonio de Carmen Gloria Quintana, a 30 años de ser quemada viva por el Ejército de Chile






El 2 de julio de 1986 Chile se preparaba para un paro nacional contra del gobierno de facto del general Augusto Pinochet. Carmen Gloria tenía 18 años entonces. Estaba en la universidad y como tantas otras veces, se disponía a participar activamente del paro.

Sin embargo, camino a las protestas, el grupo con el que iba se encontró cara a cara con una patrulla militar, comandada por el entonces teniente Pedro Fernández Dittus. Los jóvenes iban con neumáticos y combustible para construir barricadas. Al ver a los militares, huyeron. Sin embargo Carmen y el joven fotógrafo Rodrigo Rojas De Negri fueron alcanzados por los militares.

Según la versión oficial de la dictadura de Pinochet, cuando Quintana y Rojas fueron detenidos, algunas de las bombas molotov que llevaban se rompieron y explotaron, prendiéndoles fuego accidentalmente.

Sin embargo, la versión de la única víctima que sobrevivió para contarlo reveló que fueron los militares quienes los rociaron con gasolina y les prendieron fuego. Este es el testimonio que Carmen Gloria Quintana dio a Mike Lanchin del programa “Witness” de la BBC.



“Tuvimos miedo, dejamos botados los neumáticos y salimos arrancando”.

El 2 de julio había sido declarado paro nacional y Pinochet había amenazado con sacar a las Fuerzas Armadas a reprimir a todos los que salieran.

Yo me levanté temprano, con mi hermana Emilia, la mayor. Era un día nublado, invierno, tipo 7:30 de la mañana y salimos a caminar por la población desde la que se suponía iríamos en marcha hacia la Universidad de Santiago.

Nos juntamos con algunos vecinos, con Rodrigo Rojas y dos jóvenes más que yo no conocía prácticamente.

Estos jóvenes se preparaban para hacer una barricada con neumáticos para interrumpir el tránsito de una avenida bien importante y nos piden ayuda. Como nuestro ánimo era de protestar, les dijimos que bueno.

Cuando íbamos caminando se nos acerca una camioneta de militares, todos con maquillaje y vestidos de camuflaje.

Tuvimos miedo, dejamos botados los neumáticos y salimos arrancando, todos en distintas direcciones.

Nos salieron persiguiendo a nosotros con Rodrigo, que corrimos hacia la misma dirección.

A Rodrigo lo sometieron y lo patearon en el suelo.

A mí me tomaron, me revisaron por todas partes, me pusieron contra la pared. Me preguntaron qué andaba haciendo, les dije que iba a estudiar a la universidad. Me revisan los documentos, me los quitan.

El militar que mandaba más, el teniente Pedro Fernández Dittus, toma el bidón. Yo estaba de pie contra la pared. Me empieza a echar bencina desde la cabeza y a Rodrigo lo rocía como a una planta, porque él estaba tendido en el suelo sangrando.

Me echaban garabatos (insultaban), me pegaban en la espalda con la punta de la metralleta y yo lloraba porque tenía mucho miedo.

Se comunican por sus aparatos con su gente, viene un grupo de militares de la esquina. Estaban los neumáticos y traen un bidón de bencina. “En esto andaban”, nos dicen.

El militar que mandaba más, el teniente Pedro Fernández Dittus, toma el bidón.

Yo estaba de pie contra la pared. Me empieza a echar bencina desde la cabeza y a Rodrigo lo rocía como a una planta, porque él estaba tendido en el suelo sangrando.

En esos momentos yo no pensé que la idea era quemarnos. Se me pasó por la mente que era como una burla, que nos iban a soltar y me iba a poder bañar.

Repentinamente ellos nos tiran un aparato incendiario que explota y yo me convierto en una antorcha humana. Y Rodrigo también.

Yo me desesperé y traté de apagarme con las manos, empecé a revolcarme en el suelo a ver si las llamas se apagan y no pasaba nada.

Entonces siento que alguien me tira una frazada encima, me envuelven y me ponen en la parte de atrás de un camión.

Después de eso yo pierdo la conciencia.

“Tíreme un balazo por favor, para no seguir sufriendo”

Despierto cuando nos están tirando en una zanja en el campo donde corre el agua, pero estaba seca.

Me tiran a mí y después a otro cuerpo. Yo tenía miedo, así que me hago la dormida, no reacciono. Y nos dejan ahí botados.

Rodrigo me empieza a mover para que despierte. Nos levantamos y lo miro: tenía toda su cara negra, le faltaba la mitad del pelo. Me empiezo a mirar y veo toda mi ropa oscura y mis manos negras. Y le digo a él: “Mira como nos dejaron estos desgraciados”. Y él se queda callado.

Nos dejaron en un camino campestre, muy hacia adentro, de polvo y tierra. Tuvimos que caminar a la calle.

Salimos a una carretera y ahí nos dimos cuenta de que estábamos cerca del aeropuerto. Empezamos a tratar de hacer parar los autos, pero yo creo que los autos se asustaban al ver nuestra imagen de zombies.

Al rato después llega una patrulla de policía y Rodrigo me dice que no digamos nada, porque nos pueden hacer desaparecer.

La Policía nos pregunta qué nos pasó y nosotros no decimos nada, nos quedamos en silencio.

Había justo una construcción donde había obreros. La policía llama a la ambulancia y la ambulancia no llega nunca. Los obreros nos hacen como una camilla de ladrillos y ahí yo me acuesto.

Yo tenía tanta rabia que le digo a la Policía: “Tíreme un balazo por favor, para no seguir sufriendo”.

Estuvimos como 30 minutos, creo. No lo sé realmente.

Ante mis palabras, la Policía reaccionó. Pararon un vehículo civil y nos llevaron a un consultorio cercano.

Ahí la enfermera les dice a los carabineros que se vayan y me dejen sola con ella. Ella, muy amable, me pregunta qué me hicieron y yo le digo la verdad. Me dice si quiere que hable con alguien. Yo le digo: “Sí, con mis papás”. Y ahí ella le avisa a mi familia.

Después de que hablan con mi familia, nos transportan a la Posta Central, que es el hospital más grande de Urgencias en Chile y ahí yo pierdo la conciencia.

No sé qué más ocurre conmigo. Sé que estuve en coma, que me hicieron muchas operaciones de trasplante de piel, donaciones de sangre…

Fue un periodo muy oscuro para mí, porque es como que hubiera estado muerta todo ese tiempo. Después reconstituí la historia por lo que mis padres y mis amigos me han contado.

Empecé de poco a darme cuenta. Todo mi cuerpo estaba vendado entero, porque me hacían injertos de piel. Era muy doloroso, porque cada vez que me cambiaban las sábanas, se me pegaban.

También estaba con un respirador artificial, no podía respirar por mí misma.

Rodrigo Rojas no logró sobrevivir. Tenía un 70% de la superficie de su cuerpo quemado y falleció cuatro días después.

Yo tenía el 65% de mi cuerpo quemado, también con quemaduras de segundo y tercer grado.

Pasaron dos meses y medio (en el hospital, antes de viajar a Canadá donde se le ofreció un tratamiento de recuperación).

Me acuerdo de algunas enfermeras que eran bastante cariñosas. Hubo días de paro en que algunas no podían llegar y otras, aunque no les correspondía, se quedaban haciendo doble turno para cuidarme.

También recuerdo que me impactó mucho ver a mi mamá la primera vez, porque había perdido como 15 kilos.

Mi mamá me hizo cariño y me dijo que era una chica valiente. Ella tiene harto sentimiento de culpa, porque cuando me vio la primera vez quemada pensó que era mejor que me muriera para que no sufriera.

Mi hermana Emilia, la que salió ese día conmigo, fue a verme vestida de novia con su marido.

También recuerdo que el doctor Jorge Villegas, que era el cirujano plástico que llevaba mi caso, me contó que habían hecho un atentado contra Pinochet en septiembre. Y eso me alegró mucho.

Se preocuparon mucho porque pensaron que podían tomar represalias y me podían asesinar ese día. Entonces toda mi familia se quedó en el hospital ese día.



Carmen Gloria ha viajado por todo el mundo contando su caso.

Cuando llegué a Canadá fue la primera vez que empecé a ver mi cuerpo, cómo estaba. Fue bastante impactante.

Yo resistí al principio mirarme. Iba al baño, había un espejo y no me quería mirar.

Al principio estaba completamente inmóvil. Cuando llegué a Canadá no podía caminar ni usar las manos. Tuve que crear nuevamente músculos en mis piernas para volver a caminar.

Los primeros años me hicieron 40 operaciones aproximadamente.

Las manos y el cuello me quedaron muy quemadas y me tuvieron que operar varias veces para poder recuperar la movilidad.

Tenía que estar en kinesioterapia todos los días. No podía agarrar lápices, cucharas, pinzas. Eso lo recuperé, pero la motricidad fina aún me cuesta. Soy torpe con las manos y no puedo hacer cosas muy delicadas.

La boca me quedó bastante atrofiada y me tuvieron que hacer varias operaciones para poder abrirla.

Volví a Chile el año 1988 yo creo que ahí me operé unas dos veces más, pero ya tenía fobia al olor de la anestesia. Dije que ya era suficiente, ya no quería nada más.

Empecé a contar lo que me había sucedido y viajé a muchos países denunciando la situación de violación de los derechos humanos que vivíamos en Chile.

Viajé a EE.UU., Alemania, Francia, las dos Alemanias, Bélgica, Suiza, Suecia, Australia y a algunos países de Latinoamérica. Me convertí en una especie de vocera de la situación de derechos humanos en Chile.

La fuerza me la dio la rabia, saber que tanta gente había muerto y no tenía voz para denunciar lo sucedido. Yo me sentí una portavoz de toda esa gente.

Video: A Carmen Gloria y Rodrigo, de Tito Carreño - El bucanero Fantasma.


Felipe Henríquez Ordenes






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