martes, 28 de junio de 2016

[VIDEO] Somos Cinco Mil: Último poema de Víctor Jara en el Estadio Chile






Poema escrito por Víctor Jara poco antes de ser asesinado por las hienas de Pinochet.

Somos cinco mil aquí.
En esta pequeña parte de la ciudad.
Somos cinco mil.

¿Cuántos somos en total
en las ciudades y en todo el país?

Somos aquí diez mil manos
que siembran y hacen andar las fábricas.

¡Cuánta humanidad
con hambre, frío, pánico, dolor,
presión moral, terror y locura!

Seis de los nuestros se perdieron
en el espacio de las estrellas.

Un muerto, un golpeado como jamás creí
se podría golpear a un ser humano.

Los otros cuatro quisieron quitarse todos los temores,
uno saltando al vacío,
otro golpeándose la cabeza contra el muro,
pero todos con la mirada fija de la muerte.

¡Qué espanto causa el rostro del fascismo!

Llevan a cabo sus planes con precisión artera sin importarles nada.
La sangre para ellos son medallas.
La matanza es acto de heroísmo.

¿Es éste el mundo que creaste, Dios mío?
¿Para esto tus siete días de asombro y trabajo?

En estas cuatro murallas sólo existe un número que no progresa.
Que lentamente querrá la muerte.

Pero de pronto me golpea la consciencia
y veo esta marea sin latido
y veo el pulso de las máquinas
y los militares mostrando su rostro de matrona lleno de dulzura.



¿Y México, Cuba, y el mundo?
¡Qué griten esta ignominia!

Somos diez mil manos que no producen.
¿Cuántos somos en toda la patria?

La sangre del Compañero Presidente
golpea más fuerte que bombas y metrallas.

Así golpeará nuestro puño nuevamente.
Canto, que mal me sales
cuando tengo que cantar espanto.

Espanto como el que vivo, como el que muero, espanto.

De verme entre tantos y tantos momentos del infinito
en el que el silencio y el grito son las metas de este canto.

Lo que nunca vi, lo que he sentido y lo que siento




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lunes, 27 de junio de 2016

Justicia Chilena Incompetente: A casi 43 años se declara culpable al asesino de Víctor Jara







Un Tribunal de Orlando - Florida (USA) declaró culpable de los delitos de torturas y asesinato extrajudicial al ex teniente (r) Pedro Barrientos por el crimen de nuestro GRAN Víctor Jara. 

El juicio se inició tras la demanda presentada en el año 2013 por su viuda Joan Jara, y sus hijas Amanda y Manuela, quienes tuvieron que entregar su testimonio. 

El jurado solicitó que Barrientos indemnice a la familia del cantautor. Pedro Barrientos, quién reside en Estados Unidos desde 1989 y ahora es un ciudadano estadounidense, su defensa argumentó que se enteró en 1987 del golpe de Estado que realizó el dictador y COBARDE Augusto Pinochet contra el gobierno Constitucional de Salvador Allende, y que "recién en 2009 tuvo conocimiento del cantante". Es decir, negó conocer a Víctor Jara y de no enterarse que en Chile hubo un Golpe de Estado. 

El juicio, solo se le reconoce que Barrientos es el autor del asesinato y se le ordena que pague 28 millones de dólares a Joan Jara y sus hijas. Ironías de la vida. El mismo país que orquestó el Golpe de Estado hoy, es el primero en iniciar el proceso de justicia en este caso. 

Una resolución que NO implica la extradición de Barrientos, porque ésta es solo una demanda civil, pero claramente abre la puerta para que en Chile se acelere un proceso en donde los antecedentes presentados allá en Estados Unidos no son tan distintos a los que hay acá en Chile. Más allá del dinero, la justicia es necesaria, y hay una familia y todo un país que NO ve al o los responsables de uno de los crímenes más brutales cometidos por las hienas de Pinochet que esté tras la rejas. 

Lo de hoy es un ejemplo, de que las cosas se pueden hacer rápido, y pone en tela de juicio a una justicia chilena incompetente ante miles de casos de violaciones a los derechos humanos cometidas durante 17 años de Terrorismo de Estado. Es hora de exigir que la justicia acá en Chile se haga ya y sin dilaciones. 



Es nuestro deber como seres comprometidos seguir luchando por la justicia de todos los crímenes de lesa humanidad cometidas durante la dictadura en Chile. 

Divulgar y seguir con las querellas presentadas para que al final se esclarezca la verdad, porque la verdad es el primer paso hacia la sanación de nuestra sociedad, porque sin verdad, tampoco habrá justicia y, sin justicia nuestra sociedad jamás será libre.


Cuando la justicia no llega a tiempo; NO es justicia.



Felipe Henríquez Ordenes




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Carlos Lorca Tobar: La traición del Partido Socialista a 41 años de su desaparición





El 25 de junio de 1975, Carlos Lorca Tobar fue detenido y desaparecido junto con Modesta Carolina Wiff, a quienes hoy debemos recordar por su lealtad y entrega en la lucha contra la dictadura de Pinochet.

Carlos Lorca Tobar, chileno, hombre de 30 años de edad al momento de su detención y desaparición. Por entonces era Sebastián, su nombre político, uno de los máximos dirigentes del Partido Socialista de Chile. En la clandestinidad fue un médico humanista, de vocación de psiquiatra y estudios avanzados en filosofía.

Hijo de Carlos y Maria; hermano de Luis, Raúl y Jaime. Sufrió y lloró la pérdida de María Isabel, la Chabelita quien los dejara con solo 11 años. Casado con Gabriela Bravo. Un hijo, Ricardo Lorca Bravo.  

María, madre de Carlos, falleció sin saber de su hijo y fue una más de las compañeras que partieron sin saber de justicia, sin saber dónde estaba su hijo. De ninguno de sus familiares alcanzó a despedirse, privilegio que se respeta, aun a los condenados a muerte, en países bárbaros.

Valentía y Voluntad de Hierro: Llegó el Golpe.

Carlos Lorca Tobar, fue detenido el 25 de Junio de 1975, hace ya 41 largos años junto a Carolina Wiff en la calle Maule 130 de Santiago, vivienda de Yolanda Abarca, en un operativo comandado por Manuel Contreras y Pedro Espinoza. Mintió Pinochet y todos sus secuaces para ocultarlo. Para completar el manto del silencio que los jueces supremos aportaron con su complicidad hasta el día de hoy. Los que lo detuvieron, esbirros de la Brigada Purén, ingresaron celebrando su captura. Las hienas gritaban su nombre “Lorca, Lorca” y hacían sonar las bocinas de su caravana de vehículos. No menos de 40 agentes lo detuvieron junto a Carolina Wiff. 

Al momento de su detención, exigió a sus captores: “Soy Carlos Lorca, miembro de la comisión política del Partido Socialista de Chile y exijo ser tratado como prisionero de guerra”. Vano intento por exigir derechos con las mentiras de una supuesta guerra civil con que la tiranía pretendía justificar sus crímenes. Lo aniquilaron asumiendo los costos, con los que hoy, ya se han convertido en nuestros mártires.

Su Trayectoria.

Carlos Lorca fue líder estudiantil en los estudios secundarios. Alumno del Instituto Nacional, primer Foco de Luz de la Nación. Estudiante de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile. Fue presidente del Centro de alumnos de la Escuela de Medicina. Posteriormente fue vocal de la Federación de Estudiantes de Chile. Lideró el proceso de Reforma en la Casa de Andrés Bello. Llegó a ser integrante del Consejo Superior de la Universidad de Chile. Además, fue elegido en forma unánime como Secretario General de la Juventud Socialista de Chile. En tal calidad se integró al Comité Central y a su comisión política del Partido Socialista de Chile.

Fue presidente de la Unidad Popular Juvenil. Fue elegido Diputado por Valdivia. Eligió el Sur y el Sur lo eligió a él. Representó a las ciudades de Valdivia, Panguipulli, La Unión y Río Bueno. Carlos Lorca se hizo carne en hombres y mujeres bajo las lluvias y entre los verdes. Tuvo una amistad estrecha con el Presidente Constitucional Salvador Allende. Tuvo grandes simpatías con Carlos Prats y Alberto Bachelet, generales de la República. Lo unió una camaradería profunda con Clodomiro Almeyda y Orlando Letelier; con Luis Corvalán y Gladys Marín; con Rodrigo Ambrosio y Luis Maira. Fuertes lazos lo unían al Cardenal Raúl Silva Henríquez. Tenía gran cercanía con dirigentes Demócrata Cristianos como Bernardo Leyton y Ricardo Hormazabal.

Carlos Lorca con Gladys Marin y Jaime Suarez


Carlos tejió las redes del Partido Socialista, comunicándose con líderes políticos, militares, religiosos, gremiales, profesionales y estudiantiles. Su presencia, y extraordinaria fortaleza interior, coraje, inteligencia y rigor, estuvo en diversos confines de la tierra. 

Quienes lo reconocieron vieron su naturaleza inolvidable. ¿Cómo eras Carlos? ¿Eras la versión del Quijote social en lucha sabia contra los molinos de la injusticia? ¿Eras el renacentista pensante en todo lo humano? ¿Eras el hombre nuevo de todos los tiempos? ¿Eras el amor por tus semejantes? ¿Eras la encarnación criolla de los ideales de Lincon, Gandhi y Allende?

Carlos infundió coraje. Enseñó a perder el miedo. A soñar la libertad. A organizarse y a luchar por la Democracia. A liberar la patria encarcelada. A hacer brillar de nuevo la esperanza. No le dio tregua ni descanso desde que fue un adolescente. Se fue haciendo sabio en la lucha, en las ideas, en el debate... y en sus queridos libros.

Un hombre educador y ejemplar: extendiendo las ideas de futuro. Con cuanto orgullo miraba a los jóvenes crecer y desarrollarse: a la Michelle Bachelet, a Camilo Escalona, al Ennio Vivaldi a Marcelo Unda, a Gladys Cuevas y a tantos otros. Con cuanta pasión compartió sus ansias de saber con Ricardo Pincheira y Jorge Klein, con Pancho Rivas y Niels Biedermann, compañeros de su generación.



Pero sobre todo su amor por enseñar lo llevó a los jóvenes del país, a hacerlos buscar su destino, a tocar el cielo con las manos. Su querido Chile cayó en una Dictadura Mercenaria. Fue botín de la banda que dejaba a su paso crímenes, desapariciones y detenciones arbitrarias y traiciones a la patria. Sabía que no había más destino que la muerte. La encaró con alegría y dignidad. Dio ejemplo en su calvario.

Dio en ofrenda su vida para que renaciera la democracia. Para que su pueblo y su patria fueran libres. Se dio entero por un Chile mejor. Un hombre médico y humanista. Su amor por la vida, su rebeldía ante los males que aquejaban a los desposeídos y a los enfermos lo hizo estudiar la mente y el cuerpo para entenderlos, acogerlos y ayudarlos. Nunca dejó de ser médico, ni en las mayores exigencias de la vida y de la política. 

Tenía una precaria salud. Lo aquejaba una hemofilia y una úlcera gástrica. Apenas las cuidó, como siempre con lo suyo, postergado sus prioridades por los demás, por el prójimo. Un hombre sencillo y generoso. En la noche oscura de la tiranía recorrió el país de norte a sur con su prédica de futuro. Aún en los fines de la democracia en crisis caminó por las calles de Santiago asediado y perseguido por los que ultimaron a Rene Schneider.

Nunca tuvo un vehículo. Nunca tuvo más propiedad que un humilde departamento que le regalaron sus padres, María y Carlos. Sus sueldos de diputado los entregabas casi íntegros a la juventud y al Partido. En pobreza franciscana solo se enriqueció en el cariño y la solidaridad de los que los que lo rodearon. Con más atención escuchó al desposeído que a los poderosos. En su liderazgo nacional e internacional, no hubo más protagonismo que el que lo requirió la causa superior. Un hombre bueno y pacífico. No mató ni a moscas ni arañas. 

El cariño que le producía el cantar de Joan Manuel Serrat. Otras quizás por miedo, quizás el único de sus miedos, se dedicó a sembrar vida y a rechazar la muerte. Disfrutó de su existencia. Escuchó Gracias a la Vida de nuestra Violeta o a los Beatles cantando “Imagine” de Lenon y Mcarthney que le llegaban al alma. Fue un hombre de paz.


Carlos: Un hombre responsable y consecuente. Sus ideas de futuro las defendió en el diálogo y en el debate. Las cultivaba, las aprendía de la vida y de los textos, y las sometía a los desafíos de la realidad.

Siguió los pasos de Salvador. Las grabaciones de las órdenes malditas mostraban al hampón principal recordando a los fascistas romanos, las palabras del traidor a la patria Augusto Pinochet: “Ofrézcanle un avión al guevón para que se vaya y allí lo matamos... total muerta la perra se acaba la leva”. Como si a Salvador se le pudiese matar. Como si a Carlos le pudiesen hacer desaparecer. 

DOCU: "Carlos Lorca: La historia de un desconocido".

Dirección: Rafael Burgos.





Carlos Lorca: La traición del Partido Socialista.

Hace unos días, el PS pidió perdón por abandonar la querella por el ex diputado Carlos Lorca, detenido desaparecido del partido. Un hecho que trae a la memoria un complejo capítulo en la biografía política del Partido Socialista.

El mediodía del pasado viernes. En la Plaza de la Constitución, a los pies del monumento a Salvador Allende, un grupo de socialistas -militantes activos, pasivos y otros “de toda la vida”- desplegaron un lienzo con la imagen de un joven barbudo, con una mirada protegida por unos lentes de gruesos marcos de carey. Abajo del rostro, su identidad: Carlos Lorca. Así, se iniciaba un discreto homenaje al ex diputado del Partido Socialista que un 25 de junio de 1975 fuera detenido y desaparecido por la DINA, órgano represor de la dictadura. 

Entre la decena de personas que participan en el acto se encuentran dos de los hermanos del ex legislador, Jaime y Raúl. Es este último quien leyó una declaración pública donde critica en duros términos al Partido Socialista, colectividad que Carlos Lorca dirigiera en la clandestinidad luego del Golpe de Estado de 1973. Un reproche que se sustenta en un embarazoso hecho para la militancia socialista, luego que el PS abandonara la querella con que el partido aspiraba a decretar las circunstancias de su muerte y establecer justicia para los responsables. 

Con lo anterior, se cerraba un homenaje que duró tanto como la lectura de un texto de tres carillas. Una muestra de congoja luego que el abogado de la colectividad encargado de tramitar las causas de derechos humanos del partido, Juan de Dios Parra, no se sumara a la acusación fiscal que lleva adelante el ministro en visita extraordinario de la Corte de Apelaciones de Santiago, Miguel Vásquez, ni tampoco presentara una acusación independiente. El tema llegó a que la actual directiva del PS, presidida por la senadora Isabel Allende, pidiera perdón a la familia Lorca el pasado lunes y que el vicepresidente del partido, Camilo Escalona, sugiriera que Parra deje sus funciones. 

Las disculpas, en todo caso, fueron dobles, puesto que, en su momento, Parra incluyó en la causa en calidad de víctima del partido a Jaime López Arellano -ex pareja de Bachelet- integrante de la dirección clandestina del PS, pero también identificado como colaborador de la DINA. 


Un doloroso capítulo que, tras el abandono judicial del PS, vuelve a la memoria. “Es doloroso saber que el PS ni siquiera honra a sus muertos y es más doloroso que Bachelet, con todo lo compartido con mi hermano y que asegurara que ningún detenido desaparecido sería olvidado cuando asumió en su primer gobierno, tampoco haya influido en nada para la justicia de mi hermano Carlos”, remata Raúl Lorca. 


En nuestras mentes y en nuestros corazones.
En cada paso que damos.
En nuestros días y nuestras noches.
En nuestros amores y en nuestro trabajo.
En nuestro sueño por un Chile mejor y en paz, sin odio y sin violencia.
¡Nada ni nadie te podrá hacer desaparecer!
Carlos querido; ¡Hasta la Victoria, Siempre!


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miércoles, 15 de junio de 2016

DOCUMENTAL: La Operación Albania - La Matanza de Corpus Christi





El operativo de la CNI le costó la vida a 12 integrantes del FPMR. La "Matanza de Corpus Christi" fue la venganza por el atentado a Pinochet.

Al momento de escribir esta nota, se cumplen 29 años de esta atrocidad. El 15 y 16 de junio de 1987, la denominada "Operación Albania", donde 12 miembros del Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR) fueron asesinados por más de 50 agentes de la CNI, lo que causó conmoción nacional e internacional.

Los hechos, conocidos también como la "Matanza de Corpus Christi", se desarrollaron en 1987, donde el organismo represor organizó varios operativos que fueron caratulados como "enfrentamientos", lo que finalmente fue desestimado por la justicia.

Tras el intento de asesinato de Augusto Pinochet en el cajón del Maipo en 1986, como venganza la CNI logró determinar las identidades de los principales líderes del FPMR y realizó esta operación criminal, liderada por Alvaro Corbalán Castilla, ex jefe operativo del órgano de la dictadura, para acabar definitivamente con el grupo.



La matanza comenzó la jornada del 15 en un barrio residencial de la comuna de Las Condes, con la muerte de Recaredo Valenzuela Pohorecky.

Posteriormente, la CNI eliminó en la calle Varas Mena, en la comuna de San Joaquín, a Patricio Acosta Castro, Juan Henríquez Araya y Wilson Henríquez Gallegos, mientras que en la Villa Olímpica fue ultimado Julio Guerra Olivares.

En tanto, otros siete frentistas fueron asesinados en un inmueble abandonado de la calle Pedro Donoso, en Recoleta: José Valenzuela Levi, y Esther Cabrera Hinojosa, Ricardo Rivera Silva, Ricardo Silva Soto, Manuel Valencia Calderón, Elizabeth Escobar Mondaca y Patricia Quiroz Nilo.



ALVARO Corbalán, el verdugo de la CNI

Los mataron entre otoño e invierno, en la calle y en la oscuridad de una casa vacía. Cuando algunos pensaban que la perversidad de los asesinatos de Lonquén, los eternos desaparecimientos y el degollamiento de opositores no podrían ser igualados en horror, la dictadura organizó la Operación Albania, que realizó la masacre de Corpus Christi, en junio de 1987, donde fueron asesinados doce combatientes del Frente Patriótico Manuel Rodríguez. 



Allí se conjugaron todos los elementos que hicieron de la dictadura el epítome de la crueldad: el terror, la violencia, la tortura, la mentira, la traición. Hoy, a 17 años de dicha matanza, por fin se vislumbra en el horizonte judicial un atisbo de justicia, toda vez que el proceso sustentado por el ministro en visita Hugo Dolmestch, se acerca a su fase final. Veintiséis agentes de los aparatos represivos de la dictadura enfrentan, por primera vez en casi dos décadas, la posibilidad cierta de ir a prisión. Y lo hacen como los cobardes, delatando y mintiendo, culpándose unos a otros para salvarse de su seguro sino. Es que hace rato ya se rompió aquel singular pacto de silencio que suscribieran algún día en el oscuro mundo de la guerra sucia, cuando se creían amos y señores de Chile y los chilenos. 

En declaración judicial que data de octubre de 2000, Alvaro Corbalán, el jefe operativo de la matanza y jefe del cuartel Borgoño de la CNI, explicita su participación en dicha acción y lo hace, según él, debido a que algunos agentes han admitido participación en la operación y que ha “creído conveniente por lealtad a ese personal, también asumir como jefe la responsabilidad que pudiere corresponderme conforme a lo que explicaré para establecer también, de acuerdo al grado jerárquico, la responsabilidad de quien dispuso la orden que involucró la muerte de siete terroristas detenidos en el cuartel Borgoño”.

ORDEN DE SALAS WENZEL


Esta declaración y actitud asumida por Corbalán no implica grado de nobleza alguno para con sus subordinados, menos aún significa un deseo de colaborar con la justicia. Simplemente se trata de un ajuste de cuentas entre miembros de los organismos de seguridad que, de alguna manera, se sienten abandonados por sus mandos superiores, aquellos que dieron las órdenes y que hoy esconden la cara para salvarse de ser procesados. 

Concretamente, Corbalán involucra al general Hugo Salas Wenzel, director de la CNI, quien hasta el día de hoy niega participación en el artero asesinato de los rodriguistas. Sin embargo, Alvaro Corbalán señala inequívocamente que al consultarle al general Salas si los siete detenidos aún con vida en el cuartel Borgoño debían ser entregados a Carabineros, a Investigaciones o a los tribunales, Salas manifestó que “ninguna de esas posibilidades cabía con respecto a aquellos que resultaran ser importantes dentro del Frente Manuel Rodríguez y que, por lo tanto, había que eliminarlos”. 

Esto es refrendado por Iván Quiroz, capitán (r) de Carabineros y segundo comandante del cuartel Borgoño, quien declaró, en la fase probatoria del juicio, que “estaba en la oficina de don Alvaro en ese momento, y escuché cuando él preguntó al general Salas si la orden se podía postergar para seguir investigando a los detenidos”. La respuesta de Salas fue que los frentistas debían ser eliminados y, por lo tanto, Corbalán le dio la orden a Quiroz para que se llevara a cabo la misión encomendada por el director de la CNI.

Pero no es todo, las acusaciones y contraacusaciones prosiguen entre los agentes de la CNI, porque el general Salas sostiene que todo fue planificado y dirigido por Corbalán y que él jamás dio la orden de matar a nadie. Por su parte, Alvaro Corbalán manifiesta que no sólo Salas conocía de la operación, sino también el brigadier general (r) Humberto Leiva, subdirector de la CNI -quien no está procesado- “estaba al tanto de todos los detalles del operativo”. Quien sin duda sabía de la operación era el general Pinochet, puesto que el mismo día 15 de junio de 1987, cuando se inició la Operación Albania, se reunió en La Moneda con el director de la CNI. De hecho, el capitán Quiroz declaró que “la CNI y mi general Salas dependían directamente del presidente de la República, mi general Augusto Pinochet, la CNI no dependía de la Junta Militar. Mi general Salas no podía hacer nada sin consultar a mi general Pinochet”. 

En todo este entramado de artilugios, mentiras y medias verdades, ha surgido lentamente la verdad de lo acaecido hace 17 años y que culminó con la matanza de doce jóvenes chilenos. Y, lo que es más importante, aquí no hay inocentes, son todos culpables: los que impartieron las órdenes y los que las ejecutaron. Es más, los nombres de los agentes procesados en este caso se repiten en todas las principales operaciones y crímenes cometidos por los aparatos represivos. Los miembros del FPMR que fueron detenidos, torturados y posteriormente trasladados a una casa en la calle Pedro Donoso, de la comuna de Recoleta, en Santiago, fueron asesinados por los oficiales de ejército Hernán Miquel, Aníbal Rodríguez, Iván Cifuentes, Rodrigo Pérez, Eric Silva y los detectives de Investigaciones Gonzalo Maas y Hugo Guzmán. En el asesinato de Julio Silva, en la Villa Olímpica de la capital participó, entre otros, el capitán de ejército Luis Arturo Sanhueza. El capitán Sanhueza, que utilizaba la chapa de Ramiro Droguett, era miembro de la Brigada Verde de la CNI, encargada de la represión contra el FPMR y el Partido Comunista, y también participó en el secuestro y ulterior asesinato de cinco jóvenes en septiembre de 1987, en venganza por el secuestro del coronel Carlos Carreño. 

Le conocí en medio de la bruma, la balacera y los gritos, cuando comandaba el dispositivo de la CNI que mató y torturó a muchos chilenos y chilenas. Era más bien bajo, grueso y de mirada profunda. Actuaba calmadamente, de manera fría y calculadora, sabiéndose con todo el poder que dan las armas y toda la fuerza de la dictadura a su disposición. “Esto es guerra, me dijo tranquilamente rodeado de más de diez de sus hombres.

Si no cooperas, hay otros métodos para hacerte hablar”. Y luego la tortura, los golpes, la electricidad, las amenazas de muerte. Uno de los agentes dijo sarcásticamente: “¡Te salvaste en junio!”, en clara alusión a la Operación Albania. “Tuviste suerte, pero se te acabó ahora”. En esos momentos no sabía quién era Sanhueza, ni de sus crímenes, ni de su crueldad. Lo supe después, y allí, de repente, todas las atrocidades cometidas por la CNI tuvieron rostro, voz y manos. 

En ese momento supe lo que habían sentido los hermanos rodriguistas cuando fueron ejecutados a sangre fría por el capitán Sanhueza y más de una cincuentena de agentes. Porque en el caso de la calle Pedro Donoso no hubo enfrentamiento, como lo informaron los medios de comunicación controlados por la dictadura, sino que un burdo montaje para encubrir un crimen atroz. 


Ello siempre se supo, ratificado ahora por las declaraciones de los propios agentes participantes en la masacre de Corpus Christi. El capitán de Carabineros, Iván Quiroz, recuerda nítidamente el montaje, porque estaba presente cuando “se ordenó que se fuera a buscar armas distintas a las de servicio de la CNI para montar un enfrentamiento, y así presentarlo”. Y la orden la dio Alvaro Corbalán, quien también ordenó que se ejecutara a los siete integrantes del FPMR que habían llevado a la casa de la calle Pedro Donoso. Así murieron, indefensos, Esther Cabrera, Elizabeth Escobar, Patricia Quiroz, Manuel Valencia, Ricardo Silva, Ricardo Rivera y José Valenzuela.

Documental - Operación Albania




Condenas en el caso

En enero de 2005 el ministro en visita Hugo Dolmestch condenó a cadena perpetua al ex director de la CNI, Hugo Salas Wenzel, por su responsabilidad en el caso, sentencia en la cual  el mayor (r) Alvaro Corbalán recibió una pena de 15 años y un día, mientras que el oficial de Carabineros Iván Quiroz fue condenado a 10 años y un día. Además, otras 11 personas recibieron diversas condenas.

Por su parte, otros 11 encausados (entre ellos los ex agentes de la CNI Iván Cifuentes y Kranz Bauer), quienes participaron en las detenciones de los ex frentistas, fueron absueltos debido a que el magistrado estimó que sólo habían cumplido órdenes.

En agosto de 2007 la Corte Suprema ratificó la cadena perpetua para Salas Wenzel, mientras que elevó a 20 años la pena para Corbalán Castilla, quien había sido condenado a 15 años y un día.

El máximo tribunal confirmó la condena de 10 años y un día para Iván Quiroz, de ocho años y un día para Emilio Neira Donoso y de cinco años y un día para Miguel Morales Acevedo.

Otros 10 implicados, en tanto, recibieron la ratificación de distintos beneficios, como la remisión condicional de condenas que van desde siete años y un día hasta los tres años.


Felipe Henríquez Ordenes





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miércoles, 1 de junio de 2016

Jose 'Pepe' Aldunate a sus 99 años fue galardonado con el Premio Nacional de DD.HH 2016





El sacerdote jesuita, José Aldunate, destacó por su férreo activismo contra las violaciones cometidas en la dictadura. En la década de los 80 lideró el movimiento de la no violencia activa contra la tortura.

Nació en el seno de una familia acomodada de Santiago y durante su juventud se desenvolvió en ese ambiente. Pero en su juventud decidió dar un vuelvo y entrar a la Compañía de Jesús para ser sacerdote, vocación que volcó hacia los más indefensos.

José Aldunate destacó por su férreo activismo contra las violaciones cometidas en la dictadura: en la década de los 80 lideró el movimiento de la no violencia activa Sebastián Acevedo, formado para denunciar pacíficamente, la práctica sistemática de detención ilegal, la tortura y la desaparición de personas.

Ayudó a ciudadanos perseguidos a trepar por los muros de las embajadas para lograr asilo y dirigió una revista clandestina. Bajo el alero de la Iglesia dirigida por el cardenal Raúl Silva Henríquez, Aldunate cimentó las bases de lo que luego se transformaría en la Vicaría de la Solidaridad. 

A los 99 años ganó el Premio Nacional de Derechos Humanos 2016, entregado por el INDH. El cura obrero, como se le conoce popularmente, participaba del debate público hasta hace poco, pero ahora por su estado de salud tiene una vida más tranquila.



La opción por los pobres y la defensa de las personas perseguidas fue su consigna. Teólogo, intelectual, obrero, educador y activista, el sacerdote jesuita José Aldunate (Santiago, 1917) ha consagrado su vida a la defensa de los sectores populares y de los/las oprimidos/as. Colaboró con Alberto Hurtado en la Acción Sindical Chilena y, en la década del 70, como parte del trabajo de una comunidad cristiana de base, formó el Equipo Misión Obrera (EMO). Durante la Dictadura, este grupo se dedicó a la defensa de perseguidos del régimen y a promover la recuperación de las libertades cívicas.

En este campo desplegó –junto a otros religiosos, religiosas y laicos– una amplia y comprometida labor de protección y denuncia, tanto en la práctica que va, desde el asilo de personas en la Nunciatura hasta las manifestaciones callejeras en los años 80, pasando por el permanente apoyo a la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos, como a través de sus escritos en las publicaciones clandestinas “No podemos callar” (que circuló desde 1975) y “Policarpo” (que la sucede hasta 1995), así como en la revista “Mensaje”.



Es conocido y respetado por su protagonismo y rol fundacional en el Movimiento contra la Tortura Sebastián Acevedo. Tuvo un relevante papel en la denuncia del centro de torturas y exterminio Villa Grimaldi y en su posterior recuperación como sitio de memoria.

El padre José Aldunate, sin duda es uno de los nombres que resuena en temas de derechos humanos, y quien hoy en día vive un período difícil de salud, tras sufrir un infarto cerebral y que lo mantiene en estado delicado. 

A sus 99 años, el sacerdote sigue siendo un ícono en la defensa de los más desvalidos y también en los temas "tabúes" que envuelven a nuestro país, como el aborto y los homosexuales. Hasta un poco antes de que decidiera convertirse en cura obrero y un fiel defensor de los derechos humanos, Aldunate, iba por el camino que lo conducía directo a las altas esferas eclesiásticas.



Felipe Henríquez Ordenes


Lea además:

Retazos de la memoria, por Felipe Henríquez Ordenes: Los verdaderos Santos de Chile: Sacerdotes que desafiaron a Pinochet

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