miércoles, 6 de julio de 2016

Cardenal Raúl Silva Henríquez: Un hombre justo y valiente






"Quiero que en mi país todos vivan con dignidad", expresó este hombre de la buena iglesia, Raúl Silva Henríquez en su manifiesto: "Mi sueño de Chile", el 19 de noviembre de 1991.

Creo que a ese caminante de pasos significativos en el terreno ecuménico hay que darlo a conocer -aún más en estos días- en las salas de clases, esas mismas aulas que tanto transformó como educador y rector de varios colegios. Educación cívica o memoria histórica.  


Cómo olvidar su valentía, su amor por Chile, su firmeza y su humildad. Raúl, de grandes cejas; ojos con mirada fuerte, ojos sensibles del dolor humano, del dolor hermano. El Cardenal de espíritu campesino, un gran organizador, un hábil negociador; no siempre comprendido y muchas veces injustamente atacado. Hombre profundamente demócrata, optimista y transparente. Era un hombre, que a la altura de los niños hizo cosas de grandes. Con su cálida sonrisa, su carácter fuerte y su buen humor, conquistaba a todos. Era profundamente humano y gozador de la vida.

Prudencia y coraje; fe y compromiso histórico fueron líneas de su palabra. Fue un líder, el cardenal Silva Henríquez dando un discurso (blanco y negro) a los perseguidos. Fue un obispo audaz con una admirable capacidad para crear grandes obras que perduran hasta hoy. Un maestro y un profeta. ¡Tan visionario!, quiso matar el odio y como país no lo escuchamos.



Fue un personaje clave del siglo XX y ese grito “Raúl amigo, el pueblo está contigo” lo acompañó hasta su muerte donde miles de chilenos de todos los credos y edades lo visitaron, durante 30 horas, en la Catedral Metropolitana. Esos días de abril de 1999, los pobres, en su mayoría, fueron a despedirse y a recordar al Cardenal que levantó su voz en los momentos más difíciles de nuestro país, el mismo que desafió y esquivó las balaceras de los esbirros de Pinochet. Por eso, se decía que era “la voz de los sin voz”.

Cuidó el alma de Chile y fue tan reconocido, también en el extranjero, que no es casualidad que la última persona ilustre en visitarlo fuera el líder Dalai Lama. Su corazón abierto y ecuménico llegó incluso al Tíbet.

Hoy, sus sueños están presentes: campesinos, caritas, trabajadores, jóvenes, el mundo de la Solidaridad, de los Derechos Humanos y las Vicarías, los educadores, los liceos, el pueblo de Chile.



Raúl Silva Henríquez: ¿Qué diría a la actual iglesia que hoy han destruido la Institución y la fe de muchos?. Si la destruyeron, cercenaron la fe de muchos, incluso la mía: Hoy soy ATEO.

El fruto y el legado de este gran hombre, no podía estar ausente de los Retazos de la Memoria Chilena, porque él, don Raúl Silva Henríquez, es parte de nuestra historia. 



Felipe Henríquez Ordenes




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