viernes, 4 de marzo de 2016

Homenaje a Gladys Marín | Buscando el camino de aquel azaroso comunismo que ya NO existe






Para aquellos que perdieron el rumbo, si quieren no me leen, pues si Gladys estuviera viva hoy, quizás no hubiera sido tan educada como lo seré yo ahora. 

¿Dónde quedó aquel Partido Comunista de Chile?; Ese PC, el de la Gladys, a pesar de que no fue fácil para una mujer como ella sumarse con dignidad al machismo de los dirigentes de la época, ella estuvo siempre ahí, con las plazas repletas en medio de las marchas y movilizaciones de un pueblo ávido en el empuje de un multitudinario clamor. Y en esa lucha, Gladys Marín se jugó la vida en verso y sangre, esperanza, represión; pulsiones populares bajo el cielo oprimido que alboraba el ilusorio tinte de un «rojo amanecer».

¿Qué les diría hoy Gladys a los actuales dirigentes del PC? La consecuencia se perdió en las traiciones de una memoria obstinada y lejana. 

Quizás en el futuro vengan nuevos vientos que den algo de frescor en la inagotable porfía del discurso de Gladys que reflota el sueño proletario en estos días de negociada transición. Algo de ella la perdura. Fue una de esas guerreras cuyos años más duros para tantas mujeres que torcieron su destino, y que desafiaron esa participación política; la Gladys que liberó su voz. 

Tiempos álgidos para una izquierda prófuga, fichada y abortada tantas veces por la exclusión. Días de borrasca para estas causas, siempre envueltas en la tensa demanda que encauzaba su tránsito de justicia social.

Aquel imparable amor a la libertad en aquella búsqueda de la verdad y justicia, siempre obstaculizado por los escollos conservadores de la burguesía que hoy muchos sucumbieron. ¿Qué les podría decir Gladys hoy?

La atmósfera que cubrió el corazón de Gladys, de aquellas fogatas solo quedaron restos, solo quedaron fantasmales ecos y recuerdos. Quizás se podría evocar nuevamente a la Gladys si tan solo quedara hoy alguien que haya continuado su legado, pero que están perdidos ante el poder. 



Gladys, cómo te han olvidado, los mismos que en el acomodo parlamentario se deshacen del ayer como si cambiaran de terno. Por cierto, tanta metamorfosis no los sostiene, no sustentan sus discursos hermanados con la inconsecuencia. Cada gesto, cada visaje de coquetería con el amarre blindado de esta democracia, los caricaturiza y los desinfla en la blanda papada de la negociada reconciliación.

Querida Gladys, en un nuevo año sin tu presencia, seguimos buscando tus ideales, dónde estás, dónde te han metido, qué te han hecho. Yo te seguiré buscando por cada rincón. Debo encontrar las respuestas a estas preguntas.


Dónde estás, ayúdame a encontrarte Gladys, que aún debemos despejar nuestro cielo del ilusorio tinte de un «rojo amanecer».




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