viernes, 5 de febrero de 2016

La Repugnante entrevista a Osvaldo "Guatón" Romo: Confesiones de un Genocida







En 1995 el ex agente civil de la Dirección de Inteligencia Nacional (Dina) Osvaldo Romo, quien ese mismo año falleció producto de un paro cardiorrespiratorio, le confesó a una periodista extranjera que por "tontos'' no les concedía entrevistas a los profesionales chilenos.

Sin embargo, no sólo dijo eso, sino que además le dio una clase magistral sobre tortura y qué hacer luego con los cuerpos de las víctimas.

A continuación, los extractos de la entrevista en un reportaje publicado el 28 de mayo de 1995 en El Mercurio.

Osvaldo Romo: Por la boca muere el pez

Ni Dorfmann se habría imaginado semejante escenario para el estreno cinematográfico de su obra "La muerte y la doncella''. Como sólo las casualidades e ironías de la vida saben hacerlo, mientras en los cines capitalinos se exhibe la película que narra el encuentro muchos años después entre un torturador y una de sus víctimas, otro chileno también cuenta sin personajes ficticios ni recursos narrativos una historia similar, donde él es el protagonista y nada menos que en el papel del torturador.

Es la historia de Osvaldo Romo, mejor conocido como "el guatón Romo'', quien desde que llegó a Chile en 1992, luego de ser expulsado por el gobierno brasileño, no había tenido tanta cobertura periodística como en las últimas semanas. Ni siquiera cuando fue dirigente poblacional, miembro del MIR, ni tampoco cuando se presentó a regidor por Ñuñoa a principios de los 70.

La entrevista que concedió a una cadena norteamericana en mayo del 1995, donde explicó con lujo de detalles "su trabajo'' en la Dina (Dirección de Inteligencia Nacional) durante los primeros años de la dictadura militar, le han significado convertirse en la cara de la tortura en Chile.

Entretelones de la entrevista

Por considerar "tontos'' a los periodistas chilenos, Romo se había negado a dar entrevistas a los profesionales criollos. Por eso es que cuando se trató de una profesional con acento extranjero, su actitud cambió, aunque ésta fuese chilena y el acento sólo delatase una larga permanencia fuera del país. La periodista y jefa de Univisión en Chile, Nancy Guzmán, ha dicho a la prensa que las gestiones para la entrevista las venía haciendo desde fines del año 1994.

La entrevistadora fue importada directamente desde Miami, Mercedes Soler, una prestigiosa profesional que tiene unos cuantos premios EMI a cuestas. La entrevista se realizó el 11 de abril de este año en el hospital penitenciario dentro del recinto carcelario donde Romo estaba recluido permanentemente debido a su delicado estado de salud.

Más de tres horas estuvieron junto al ex agente de la Dina el camarógrafo y la periodista. Nadie más. Y quizás por esta misma intimidad, Romo no tuvo problemas en explayarse latamente en lo que consistió su trabajo en la Dina.

Una detallada clase sobre técnicas de torturas, desde la electricidad en genitales hasta cómo deshacerse de los cadáveres. En este sentido, comentó la práctica de tirarlos al mar. "Cuando no hay cementerios, no tienes nada ...tirarlos adentro no más. Primero, hay que darles comida a los pescados".

"¿Otra manera? Químicamente. Tienes que destruirle dos o tres cosas al individuo para que si aparece no lo puedan identificar. Con un napoleón, total está muerto, le corto los dedos y le mato la ingle, porque cuando se está en el agua el cadáver sube, y para que quede abajo hay que aplicarle algún método químico para que no suba más. Claro que Chile no es un mar para tirar cadáveres porque es violento o torrentoso''. En este sentido, cree que sería mejor tirarlos dentro de un volcán, como el Llaima o Villarrica.

Según la productora, hubo que censurar muchas de sus partes dada la crudeza de sus dichos.

Reconoció sí que hubo errores, como haberles perdonado la vida a unos.

"Yo no dejaría periquito vivo. Fue un error de la Dina. Yo siempre le discutía a mi general que no tenía que dejar a ninguna persona viva, que no la dejara en libertad. Mire usted, ahí están las consecuencias''.

Habría dicho también cómo gozaría poniendo sus manos en el cuello de un alto funcionario gubernamental que identificó con nombres y apellidos, para así matarlo lentamente.

Romo también se refirió a su epitafio, el que no le molestaría que dijera que fue torturador, "porque para mí fue una cosa buena, pero no pueden decir que he sido un sinvergüenza, que he ofendido personas y que me he aprovechado de mujeres. Sí pueden decir que yo cumplí una etapa, bien cumplida. Yo estoy limpio con mi conciencia. Lo que hice lo volvería a hacer'', aseguró.

Vea acá parte de la entrevista



Un "mea culpa"

Desde que se fueron los periodistas extranjeros de su celda, Romo no supo del destino de sus palabras, sino hasta casi un mes y medio después cuando algunos canales nacionales reprodujeron parte de lo que había dado Univisión. Desde entonces, la batahola no cesa.

Fue justamente la exhibición de parte de la entrevista lo que produjo que Romo fuera al día siguiente visitado por unos cuantos periodistas los que sin grabadora u "off the record'' le harían unas preguntas. Uno de los primeros profesionales en entrar, sin embargo, se trenzó en una fuerte discusión con el detenido en la que el nombre del general Contreras no estuvo ausente y al que Romo defendió.

Como consecuencia, desde ese día tiene prohibida cualquier visita dado a que se le produjo una crisis nerviosa que lo ha tenido gran parte de la semana en reposo. Sin embargo, según sus propios celadores, no sólo el altercado habría sido el motivo de su estado sino que el haberse dado cuenta de que se había ido de lengua y que eso le costaría caro. Esto le habría quedado perfectamente claro luego de que su abogado, Jorge Erpel, renunciara públicamente a patrocinar su defensa aduciendo que escuchar a Romo era escuchar al diablo y que sólo restaba "rezar por su alma''.

Pero eso no fue todo, porque las consecuencias también las habría sentido por parte del mismo Ejército. Según trascendió en fuentes extraoficiales, el coronel (J) Enrique Ibarra lo habría visitado a comienzos de esta semana como portador de un mensaje: que se quedara callado porque sus palabras podrían significar la apertura de nuevos casos sobre derechos humanos. Se cree, además, que él fue quien le ayudó a redactar cierta declaración pública, en la que Romo hace su "mea culpa''.

El miércoles por la mañana una mujer fue hasta la Notaría de Roberto Mosquera para solicitarle fuera a la celda de Romo para certificar su firma en un documento. Para hacer más expedita la diligencia, el abogado decidió solicitarle al titular de la Cuarta Fiscalía Militar de Santiago, mayor (J) Luis Pérez Letelier, que lo acompañara en su calidad de juez en uno de los tantos procesos que se lleva en contra de Romo.

A las dos de la tarde del miércoles, ingresaron al recinto: el notario, el juez y su secretario, el capitán (J) Roberto Rebeco.

El trámite habría sido muy corto, no más de 10 minutos, en los que Romo le presentó a Mosquera un documento de cuatro carillas, que el profesional no leyó y solamente solicitó al detenido firmara cada una de ellas. Mientras Romo procedía, apareció el coronel Ibarra, quien se mantuvo en silencio y observando. Cumplida la diligencia, Mosquera, el fiscal y su secretario se retiraron del lugar.

En su declaración, Romo da cuenta del "engaño'' de que fue objeto cuando funcionarios gubernamentales le aseguraron antes de partir de Brasil a Chile que estaría en pocos meses de regreso, dado que "los hechos estaban amnistiados y prescritos''. Asegura que "producto del abandono y desamparo... fui sorprendido con la presencia de un canal de televisión (...) oportunidad que estimé no podía dejar pasar para gritar al mundo mi desesperación".

"(...) Para ello escogí la estrategia de decir algo efectista e impactante, pues sería a lo único que los periodistas le darían difusión. (...) He podido constatar que mis declaraciones han sido publicadas parcialmente, se me ha tergiversado y sacado fuera de contexto (...). Dado mi deteriorado estado de salud y las urgentes necesidades económicas que requiero para ayudar a la subsistencia de mi familia y mis propias necesidades, se me ofreció pago para conceder una entrevista...'', cuestión que la jefa de Univisión en Chile ha negado terminantemente.

Su historial

Osvaldo Romo Mena pareciera ser más bien uno de esos personajes sacados de alguna novela centroamericana. No sólo por esa figura lenta y pesada que exhibe, sino además por ese serpentear suyo en las actividades más disímiles. En un comienzo ligado a un partido de derecha y ya, a fines de los 60, dirigente poblacional afiliado a la Unión Socialista Popular (USOPO) e, incluso, al MIR. El cuadro se completa con su apodo de "Comandante Raúl'' cuyos contactos estaban a diestra y siniestra.

En 1971 se presentó como candidato a regidor por Ñuñoa pero fue derrotado. Asegura haber sido un "asiduo visitante de la casa de Allende'', sin embargo, sólo se les ve juntos en unas fotos aparecidas en los diarios de la época luego de la muerte de un poblador durante una toma de terrenos en Lo Hermida. Su nombre se encumbra en la prensa de aquellos años luego de encendidos llamados que hace al gobierno de Allende desafiándolo a que después no se quejase de que los pobladores se ligaran finalmente a la derecha y no a los partidos de izquierda, que son los que debieran defender los derechos del pueblo.

Luego del golpe militar en septiembre de 1973 una nebulosa comienza a ensombrecer su biografía. Se dice que para esa fecha era agente del Servicio de Inteligencia Militar desde donde habría pasado a la Dina, como agente civil de la División Metropolitana.

Lo que allí hizo, sólo se podía recoger en boca de quienes dicen haber sido de sus víctimas en las torturas. Sin embargo y después de ser exhibida en nuestro país parte de la entrevista que concediera a una cadena norteamericana es su propia boca la que se encarga de detallar escrupulosamente los tormentos que aplicaba.

Desde mediados de los 70, Romo desaparece, junto a su mujer Raquel González Chandía y sus cinco hijos. Se radican en Brasil, al noroeste de Sao Paulo, en Mogi Guacú, donde con nombres falsos comienzan a hacer una vida tranquila y sencilla.

"Andrés'', como lo conocían sus vecinos, vivía en un pueblo tranquilo, sin embargo, tras un muro de cemento y unas puertas de fierro, que en nada se compadecían con su modesta casa.

Allí trabajó en una empresa de seguridad y fue técnico de fútbol hasta que jubiló por motivos de salud. Su diabetes y una embolia cerebral que le había paralizado la mitad del cuerpo le hicieron repensar su decisión a fines de los 70 y volver al país. Así lo hizo. Por tierra y sin problemas entró a Chile donde estuvo por más de un mes. Luego, la "saudade'' por Brasil y la mala situación por la que atravesaba Chile, le hicieron volver.

Hasta julio de 1992, Osvaldo Andrés Henríquez Mena como fue conocido en Brasil, fue "una buena persona, colaborador y un gran patriota que siempre hacía una fiesta para celebrar el 18 de septiembre'', recuerda su amigo, el ex intendente de la Mogi Guacú, Antonino Santiago.

En noviembre llega a Chile, luego de años de búsqueda y tras ser expulsado del país de la samba donde dejó a su familia, acusado de tres infracciones a la Ley de Extranjería, entre ellas, las de falsificación y uso indebido de documentos de identidad.

El Diario de vida del "Guatón Romo"

El 20 de enero del 2016, Chilevisión dio a conocer por primera vez se conocen los cuadernos del ex agente de la DINA Osvaldo Romo. Una serie de escritos detallan distintos episodios de detenciones y vejámenes que realizó el torturador que falleció en 2007.

En los escritos, el sujeto fallecido en 2007, da cuenta de episodios de detenciones y vejámenes cometidos en la Villa Grimaldi y en otros centros de detención, durante los tiempos de la dictadura en Chile.

Revisa qué opinan sobrevivientes a estas torturas y familiares de detenidos desaprecidos en este Reportaje a Fondo de Chilevisión Noticias.




Felipe Henríquez Ordenes




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