sábado, 9 de enero de 2016

HOMENAJE: Mujeres de Chile, mujeres de fuego






Esta es una historia de lucha, de dolor, de una porfiada esperanza que renace día a día no sé de qué inagotable fuerza.

Golpear y golpear puertas que casi nunca se abren, arar el desierto, huelgas de hambre, represión, cadenas, gritos que ya hace casi 42 años resuenan por los corredores impasiblemente tortuosos de los tribunales de “justicia” ha sido la feroz rutina de estas mujeres. Serían solo ecos si no rebotasen una y mil veces en su coraje que no da tregua, aunque a muchas ya se les fue la vida en este empeño. El fuego que las ilumina es proporcional a la indiferencia de todos los que han tratado de decretarnos el olvido.

Imagino que a ellas nunca pensaron que les tocaría vivir tanta atrocidad, sumado al desamparo legal más absoluto, en un Chile donde se violaron todos los códigos humanos. Verlas hasta hoy con esa dignidad defendiendo la vida y exigiendo Justicia es conmovedor, pero es también una denuncia a la incompetencia y a la complicidad criminal de un país que amparado aún en sus leyes y en una constitución antidemocrática les niega a ellas y a sí propio la posibilidad de una sociedad sana, porque la impunidad solo nos reafirma la certeza de que una nueva traición puede volver a ocurrir.

Ellas también son víctimas porque se las ha condenado durante décadas a una tarea macabra y deshumana. Ellas son prisioneras de un juego perverso donde se manipulan las reglas para que siempre ganen sus verdugos. Ellas son una herida abierta y una vergüenza que seguiremos cargando como chilenos, algo que continuará horadando nuestra convivencia, a no ser que la señora Justicia se quite su venda y nos mire a la cara de una vez por todas.

El sufrimiento, la frustración, la impotencia, el descrédito en las instituciones solo ensancha el abismo que todavía nos separa. Vivir en un país donde los genocidas y sus encubridores mueren de viejos escondidos cobardemente en su silencio y en una jerarquía canalla (un pacto entre simples criminales), donde la falta de memoria y los años los absuelve de todo, es simplemente indignante.

Quisiera decirle a todas, a las que conocemos sus nombres y a las otras que han sufrido en el anonimato la muerte de un ser querido, que no están solas, que nada ni nadie está olvidado, que también son nuestros, porque se lo hicieron a Chile y eso lo hace dolorosamente personal. Las abrazo muy fuerte.

¡Por la vida, siempre!


Esta es una historia de lucha, de dolor, de una porfiada esperanza que renace día a día no sé de qué inagotable fuerza....
Posted by Biblioteca Virtual Salvador Allende Gossens on domingo, 24 de agosto de 2014



Felipe Henríquez Ordenes



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