sábado, 25 de julio de 2015

Pinochetistas: Radiografía al alma a un facho






"Comunistas, maricones, les mataron los parientes por weones... (bis)".

Lo que a la inmensa mayoría del pueblo chileno y del mundo hoy, nos produce una profunda vergüenza ajena; algo así como sumergir la cabeza en el inodoro y no ver las cosas tal y como son, sino como una especie de óptica subjetiva. El agua sucia, podrida, y probablemente con esas cosas que flotan, que a ojos vista de todo el mundo -menos a un pequeño puñado- nos resultan realmente repugnantes.

Es que por éstos innombrables, nadie gasta una vela. Como entre los conservadores ingleses contaba con más de algún nostálgico partidario de esos que admiran a dictadores tercermundistas de lejos.

Pensaba mejor guardar silencio, pero no puedo. A pocos días de que el conscripto Fernando Guzmán delatara a los ejecutores del crimen que mató a Rodrigo Rojas De Negri y dejó con graves quemaduras a Carmen Gloria Quintana, volvieron a flotar aquellas cosas que nombré hace un momento: Los Pinochetistas.







Es que ser pinochetista no es fácil. Menos iniciado el siglo veintiuno. Época de democracia, globalización y tolerancia. No debe ser fácil, entonces, morderse la lengua ante tanto olvido. Ante tanto desprecio y desconsideración. Debe ser difícil viajar por el mundo, especialmente a esos países desarrollados que el chileno medio suele admirar -USA o Europa- y darse cuenta que lo íntimamente admirado provoca tanta repulsión y rechazo.

No es exagerado decir, que para esas sociedades, Pinochet representa -con esa foto con anteojos oscuros de fondo- lo más parecido al mal. Pero mientras algunos -la mayoría- aprieta los dientes y resiste, llevando su pinochetismo como esos placeres que en público nos dan vergüenza, otros -los menos- se desatan. Como Otero y Piñera, José. Por eso -unos pocos pinochetistas furiosos y desatados cual señora de la Fundación Pinochet- no deberían preocuparnos mayormente.




Nadie espera que personas que participaron y que gozaron de un poder que jamás habrían dispuesto en una democracia en forma, como José Piñera, tengan el más mínimo atisbo de reflexión y autocrítica. En ellos siempre estará el alarido del fanático, o lo que es peor, del agradecido. Es obvio que como sociedad habría sido mucho mejor que buena parte de nuestra derecha política hubiera reflexionado y volviendo sobre sus pasos, hubiese reconocido el error histórico de apoyar hasta el último de sus días una dictadura que despreció con tanta furia la vida y la dignidad de nuestros compatriotas.

Pero qué va. Para este tipo de "personas", que ubican la propiedad individual y su defensa como un valor infinitamente superior a la vida o a la libertad personal -de ahí su disparatada comparación entre Hitler y Allende- eso es un lenguaje simplemente ininteligible. Honestamente, no estamos para esperar tanta virtud y lo que es más importante, ni siquiera lo requerimos.

Nuestros pinochetistas no tienen ni por asomo esa sensibilidad moral que requiere el arrepentimiento. Ante la calidad moral de nuestros pinochetistas, en cambio, no tiene mucho sentido esperar vergüenza genuina, esa que deriva del arrepentimiento. Nos debe bastar –y sinceramente creo que basta- la vergüenza pública.

Por ello el abierto rechazo al neo-pinochetismo, ya sea por las propias instituciones -como en el caso Otero- o por los propios políticos –como en el caso Piñera (José)- es una buena noticia que vayan en esa dirección. En el resto de los casos, nos debe bastar con que la mayoría de ese pinochetismo siga siendo un gusto puertas adentro.

Extraño e inconfesable -qué duda cabe- para el resto de los mortales que solemos valorar la vida, la democracia y los derechos humanos.

"Comunistas, maricones, les mataron los parientes por weones... (bis)".


[En este video, pinochetistas celebran el triunfo de Piñera, en marzo del 2010]

Pueden seguir haciendo lo que quieran, incluyendo otros actos de ignominia y miseria humana, pero en su fuero interno todos saben que vivimos en un país lleno de heridas sin cicatrizar y de injusticias sin respuestas. Y así las cosas, aquellos que se burlan del dolor humano, sólo demuestran su pequeñez de espíritu, su ignorancia, su insensibilidad y su estupidez.


Felipe Henríquez Ordenes
 





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