miércoles, 22 de julio de 2015

La miseria humana de la derecha chilena a 42 años del Golpe sigue intacta





No es fácil hacer un escrito, cuando encuentro noticias como las vistas hoy en los medios, refiriéndose a la reapertura de la investigación del Caso Quemados; el brutal crimen perpetrado por los esbirros de Pinochet el 2 de julio de 1986 y que terminó con la vida del joven Rodrigo Rojas De Negri y con las graves quemaduras y heridas de Carmen Gloria Quintana. 

El día de hoy, el secretario general de la UDI popular Guillermo Ramirez comentó en Radio Cooperativa la reapertura de la investigación que ha tenido que cargar con el dolor producto de la impunidad por 29 años a los familiares de las víctimas del Caso Quemados: Ramirez defendió con vehemencia el rol de los civiles que participaron en el régimen del dictador Augusto Pinochet.   

"Yo estoy de acuerdo en que la historia tiene que enseñarse en su mérito, pero tienen que mantenerse las proporciones, porque hoy día se genera la sensación en muchas personas (y yo me incluyo entre ellas) de que generalmente se cuenta una parte de la historia -que es una parte horrorosa de la historia y que lo que se cuenta es verdad, pero no en un contexto", dijo Ramírez. 

El dirigente contrastó lo ocurrido en Chile con el "ejemplo de lo que pasó en Alemania", donde "una persona (Hitler) generó una guerra mundial, mató en campos de concentración a seis millones de judíos, y estamos hablando de un dictador en un país austral donde hubo 2.000 desaparecidos. Las dos cosas son horrorosas cualitativamente", pero "cuantitativamente hay una tremenda diferencia"; "no son comparables desde la perspectiva cuantitativa, que finalmente hace que un proceso sea más fácil de llevar adelante y sea más evidente que el otro", argumentó, al salir en defensa del rol que jugaron en la época políticos como Alberto Cardemil, Jovino Novoa y Sergio Diez.

"Es muy fácil juzgar con los ojos de hoy".

"Hoy día tenemos muchos más elementos, pero a principios de los '90 había mucha opacidad y muchas cosas que no se sabían, que todos nosotros no sabíamos. Hoy día nadie lo cree, pero de verdad había en ese minuto gente que creía de corazón que los temas de las violaciones a los derechos humanos eran casos aislados. Hoy día nadie sostiene eso porque conocemos mucha información, pero había gente que genuinamente pensaba eso", señaló. 

"Había gente que trabajó en el gobierno de Pinochet y que nunca vio nada de aquello que no sabía la ciudadanía (violaciones a los derechos humanos), porque no salía en los diarios, porque la prensa no podía reportear, porque la gente que levantaba un dedo para alegar era exiliada. Hay gente que trabajaba en el gobierno que de verdad no sabía lo que estaba pasando, entonces no es automático decir Cardemil, Novoa o quien sea trabajaban en el gobierno; ergo, sabían, ordenaron, son violadores de los derechos humanos. Eso no se puede decir, porque es una irresponsabilidad muy grande. Puedes terminar castigando o enjuiciando a personas que de verdad, de buena fe, no sabían lo que estaba ocurriendo", dijo Ramírez. 

Es muy difícil referirse a los sucesos del 11 de septiembre de 1973 sacando fuera las propias pasiones. Es así porque se trata de un acontecimiento traumático para una gran mayoría de chilenos, cuyas consecuencias debemos vivir cotidianamente hoy. El Golpe de Estado, ocurrido hace ya más de cuatro décadas, no es un hecho histórico sepultado en el pasado; por el contrario, el presente económico, político y cultural del Chile actual no se explica sino por aquella fecha.

Como en una mala novela de terror, el amnésico Chile de hoy vuelve su mirada a las luminosas vitrinas del consumo suntuario, a las rutilantes pantallas de plasma, mientras en el patio desentierran osamentas de algún vecino o pariente. Son los muertos silenciados por esta historia macabra que todavía persiste, obstinada en ocultar cadáveres en el ropero. El once de septiembre no ha terminado en nuestro país, está presente en cada línea de la Constitución, en el opaco gris de los cuarteles y comisarías; en la risa socarrona del “honorable”, y en muchos “hombres de negocios”. El once de septiembre sigue vivo en quienes tanto le deben al General.

El crimen cometido en Chile no atañe, tan solo a los dramáticos sucesos conocidos por todos. El verdadero mal está todavía con nosotros, en nuestra vida cotidiana, en la injusticia naturalizada y aceptada como desesperanza. La verdadera traición a Chile es haber impedido que, por vez primera, aquel hombre y aquella mujer humilde, hubiesen comenzado a construir su propia dignidad en sus hijos, y en los hijos de sus hijos.

En un sentido último, Augusto Pinochet Ugarte fue la mano tiránica que interrumpió la maravillosa cadena de la vida. Lo pondré en el contexto cristiano de ellos -yo soy ateo- pero fue así como Caín (conocida historia escrita en la Biblia), el general rastrero asesinó a sus hermanos, ofendiendo al espíritu que late en el fondo de la historia humana. Sus obras, su herencia lamentable ya la conocemos: generaciones de chilenos condenados al infierno de la ignorancia, la pobreza, el luto y la indignidad. En el Chile del presente no hay paz para los muertos como tampoco la hay para los vivos.

Más allá de las complicidades de la mentira y la osadía de ocupar ejemplos en los que jamás podrán comparar para ocultar la naturaleza de aquella tragedia; por mucho que se esfuercen algunos falsos profetas en exorcizar las cenizas, enseñando la resignación, hay un pueblo silencioso y paciente que encarna el advenimiento histórico de otro mundo.

Solo quiero expresar que siento una profunda lastima y pena al ver que aún quedan de aquellos especímenes que comen de lo que otros sufren, lloran, y padecen. Es realmente triste ver y comprobar que con toda maldad no tienen ningún respeto por el dolor ajeno. Mientras existamos en este mundo habrá miseria humana, soberbia, inmoralidad e ignominia. Pero mientras haya esperanza y amor en este planeta se puede, y es que con un solo ser en este mundo que quiera dar sin esperar y que esté dispuesto a ofrecer sin pedir que tienda la mano sin restricción es suficiente para levantar una muralla de amor y humildad.

Un sincero homenaje a las víctimas del Terrorismo de Estado chileno, para que por fin se revelen dónde están nuestros familiares, saber la verdad de lo ocurrido a nuestros caídos, hacer justicia a los sobrevivientes torturados, y a nosotros, los hijos de una segunda generación, es menester no olvidar el pasado, y hacer justicia. Mientras no la haya (justicia), difícilmente habrá perdón y olvido.



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